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“En
los puestos de trabajo también se producen situaciones de acoso, de
estrés, de insatisfacción, de falta de valoración del trabajo
realizado… Todo esto puede producir un daño difícil de detectar en
su fase inicial”

“En
la economía regional asturiana la importancia principal la tiene la
minería, la construcción y el metal. Es lógico que, aunque la
siniestralidad sea baja, estos sectores estén encabezando el ranking
porque tienen más riesgos que un trabajo de oficina”
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-¿Por qué se ha ralentizado el proceso?
-En los primeros años de la Ley de Aplicación de Riesgos, que
cumplió ahora su décimo aniversario, la aplicación de una serie de
medidas de protección individuales, es decir, que todo el mundo
utilizara casco, botas de seguridad o guantes, se aplicaron con
cierta rapidez y mejoró mucho la cuestión de los accidentes. Ahora
estamos ante un segundo problema en el que, las medidas que hay que
tomar, son más estructurales. No sólo hay que proteger al
trabajador, sino también al entorno. Hay que hacer protecciones
colectivas. Es decir, si un trabajador está en una zona con riesgo
de caída, es bueno que tenga un arnés, pero si en esa zona de riesgo
transitan trabajadores, ha de haber una protección colectiva. Este
segundo mecanismo se está aplicando menos en las empresas, por lo
que creemos que es precisamente lo que está provocando que no
descienda el índice de accidentes como lo hizo anteriormente.
-¿En qué sectores estáis detectando que hay una mayor incidencia?
-En este sentido persisten los mismos de siempre. En la economía
regional asturiana la importancia principal la tiene la minería, la
construcción y el metal. En estos tres sectores, salvo el sector
servicios, está concentrada la actividad empresarial asturiana.
También son los sectores que tienen más riesgos y peligros en
general. La minería por las condiciones de trabajo, la construcción
por ser una actividad a la intemperie y en alturas, y en la
industria por la utilización de maquinaria. Es lógico que, aunque la
siniestralidad sea baja, estos sectores estén encabezando el ranking
porque tienen más riesgos que un trabajo de oficina.
El sector servicios ocupa un tercio de la economía regional. La
siniestralidad es menor, aunque también muy alta para el sector de
que se trata.
-La mentalidad de nuestra sociedad ha cambiado en la percepción por
ejemplo de los accidentes de tráfico, y hoy está peor visto el
conductor temerario que hace años. ¿Sucede lo mismo respecto a los
accidentes laborales? ¿Hay una menor tolerancia ante la
irresponsabilidad sobre la seguridad?
-Notamos una mejoría. Hay un cierto grado de sensibilización social
y no es extraño que alguien te comente algún caso cercano en el que
ve que los trabajadores no utilizan la protección adecuada. Pero si
hablamos de sensibilización para que los propios afectados utilicen
las medidas de seguridad, estamos todavía lejos de lo que sería
deseable. Incluso a las propias empresas les falta sensibilidad para
adoptar las medidas y obligar que se cumplan.
-¿Qué medidas concretas promueve el Instituto?
-Estamos trabajando en tres frentes. Primero, tenemos la intención
de continuar con el plan de la siniestralidad a través del cual
estamos visitando a las empresas, detectamos irregularidades y
hacemos propuestas para que modifiquen lo que está mal. Tiempo
después haremos una segunda visita para saber si aquello que
detectamos mejoró o se solucionó. En caso de que lo hayan
solucionado habremos logrado nuestro objetivo. Si no es así, se lo
comunicaremos a la Inspección de Trabajo para que actúe.
Por otra parte, tenemos un programa de financiación a las empresas
de los sectores con mayor siniestralidad, para que renueven las
máquinas que están obsoletas y atentan contra la seguridad de los
trabajadores. Subvencionamos hasta el 25% del valor de una máquina
nueva, más segura, con el fin de evitar accidentes.
El tercer y último punto es que a los Técnicos del Instituto se les
habilite para que hagan labores de apoyo a la Inspección de Trabajo
y puedan iniciar un expediente cuando detecten una situación
irregular. Primero se abriría un expediente informativo para que
luego, la Inspección de Trabajo, lo pueda continuar y sancionar si
es necesario.
-¿Qué me puede comentar de las llamadas enfermedades profesionales?
-Que es uno de los temas más desconocidos. Nosotros creemos que es
el problema de hoy en día, porque existen ambientes de trabajo
agresivos, insalubres, en los que la manipulación de productos
provocan daños a personas. Estos, son daños que muy raramente se
manifiestan en un primer momento. Cuando lo hacen es porque el
organismo está sobrecargado y ya aparecen en forma de enfermedad.
-¿Está suficientemente estudiado este tema?
-Realmente no. Aquí se produce un vacío, porque tanto los
empresarios como las mutuas de trabajo no declaran estas
enfermedades y, por tanto, no tenemos conocimiento del número de
enfermos que realmente hay. No podemos hacer una labor de
investigación fiable. En la actualidad, el Instituto aprobó en su
Junta rectora del 2006, el Plan de Salud, Seguridad y Medio Ambiente
Laboral. Es un Plan que abarca desde el año 2007 al 2010, ambos
inclusive y que se ocupa del estudio de las enfermedades
profesionales, sobre todo de cánceres que están apareciendo y que,
según estudios que se están realizando en otros países que tienen
más avanzado el tema de protección a los trabajadores, tienen un
origen laboral. En esta línea de análisis e investigación se van a
volcar esfuerzos importantes.
-¿En qué medida influye el estrés en los accidentes laborales?
-Todos los trastornos psíquicos influyen en el incremento de
accidentes. La persona que está sumida en sus preocupaciones pierde
atención en lo que está haciendo de forma inmediata y tiene más
riesgo de sufrir un accidente tanto en el trabajo como en su vida
particular. Estos riesgos también los estudiamos. Tenemos un área de
ergonomía y psicosociología. Desgraciadamente, también se producen
en los puestos de trabajo situaciones de acoso, de estrés, de
insatisfacción, de falta de valoración del trabajo realizado… Todo
esto puede producir un daño difícil de detectar en su fase inicial,
y que cuando se manifiesta ya está repercutiendo directamente en un
empeoramiento de la calidad de vida de la persona y agravando otros
riesgos que, en un estado normal, podría controlar. Se habla mucho
del “mobbing”, del estrés, del “estar quemado”, pero hay poca
investigación real en ese sentido. |