Opinión

ABRIL 2007

 

 

 

En no pocas ocasiones hemos asistido a debates localistas, recelos aparentemente insuperables y competiciones absurdas entre los 22 municipios que forman el Área Central Asturiana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En España es bastante frecuente la exclusión femenina de los actos sociales y festivos, casi siempre apoyada en tradiciones que, como en el caso de Cangas del Narcea, no tienen más de 100 años de existencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Paulino Feito Alonso

"En el tema de la emancipación hay que tener en cuenta dos factores: la disposición de viviendas tanto para poder comprarlas como para alquilarlas; y el tener acceso a un empleo"

 

 

Gonzalo Olmos Fernández-Corugedo

Algunas realidades que los asturianos vivimos cotidianamente no acaban de tener su correlato en la actuación de las administraciones públicas y en el entramado institucional. El ejemplo más patente es el Área Central de Asturias, sobre cuya ordenación urbanística viene hablándose con intensidad a raíz de la propuesta del llamado Plan Territorial Especial Periurbano de Oviedo, Siero y Llanera, planteado recientemente por el Gobierno autonómico.
Miles de asturianos desarrollan su actividad diaria en el Área Central, entendida como una conurbación que, en muchos aspectos, opera en la práctica como una misma realidad funcional. Un trabajador ovetense, por poner un caso, se despierta en el barrio de Pumarín de la capital, se pasa la mitad del día desempeñando su labor en el Polígono Industrial de Asipo (Llanera) y unos cuantos sábados, sobre todo cuando viene el buen tiempo, los pasa en cualquiera de las playas de Gijón; su esposa da clases en un instituto de Lugones; su hijo mayor vive en su casa pero trabaja en las instalaciones de Arcelor en Avilés; y su hija pequeña todos los días va y viene hasta el Campus de Mieres, donde estudia su carrera universitaria. Familias como ésta son cada vez más comunes en la llamada Ciudad Astur, donde las distancias –de por sí pequeñas- se han estrechado merced a la especialización de territorios, la distribución local de actividades económicas y la mejora de las infraestructuras de transporte, en las que, todo sea dicho, aún hay mucho que mejorar.

Si ante esta constatación las administraciones públicas permaneciesen indiferentes, cometerían un error estratégico imperdonable. Sin embargo, en no pocas ocasiones hemos asistido a debates localistas, recelos aparentemente insuperables y competiciones absurdas entre los veintidós municipios que forman el Área Central Asturiana. Resulta además notable la contumaz insistencia de algunos ayuntamientos en duplicar, a escasa distancia, programas locales contradictorios e infraestructuras públicas idénticas, en lugar de sumar esfuerzos en beneficio del conjunto. A todo esto podemos sumar la actitud obstruccionista de algunos regidores –el Alcalde de Oviedo se lleva la palma en esta categoría- que por temor a perder influencia prefieren descalificar de antemano cualquier intento de cooperación institucional antes que remangarse y comprometerse en la tarea. En el municipalismo asturiano, pese a los loables esfuerzos de la Federación Asturiana de Concejos (FACC), no existe aún masa crítica suficiente para que florezca en su esplendor la cultura de la cooperación intermunicipal. A tal carencia se deben habitualmente las justificaciones, ficticias o de ocasión las más de las veces, que se pretenden oponer a proyectos que parten de visiones más amplias y completas del territorio asturiano. En el caso del Área Central, mientras 400.000 ciudadanos se desplazan todos los días por ella, mientras la forma de vida de la sociedad asturiana consolida esta conurbación como una realidad inapelable, las instituciones y administraciones públicas todavía están muy lejos de estar a la altura de las exigencias que este estadio de desarrollo requiere.

Por eso, sin renunciar a las matizaciones que se quieran señalar, cabe dar la bienvenida a la propuesta del Gobierno autonómico para articular el eje territorial Oviedo–Siero–Llanera, ordenando los usos urbanísticos y diseñando redes de transporte público adecuadas para esta zona. Se trata de un importante paso, al que deberán seguir muchos más, para comenzar a dar respuestas desde las administraciones públicas a las necesidades de los ciudadanos del Área Central. Advirtamos, además, de un riesgo evidente: si de una vez por todas las administraciones locales y autonómicas, bajo el liderazgo integrador del Gobierno regional, no son capaces de garantizar los intereses públicos y el desarrollo territorial común del Área Central, la alternativa será permitir que el irrefrenable crecimiento urbanístico de esta zona se realice sin pautas comunes, al albur de decisiones adoptadas con enfoques localistas y en no pocas ocasiones sometidas a influencias privadas, en esta época de privatización encubierta del planeamiento urbano municipal.

 

 

La exclusión en nombre de la tradición

por Isabel Menéndez

El año 2006 en Asturias se saldó con el reforzamiento de la desigualdad entre sexos, gracias a la iniciativa emprendida por la “Sociedad de Artesanos Nuestra Señora del Carmen” para consagrar el veto a la participación de las mujeres en la Descarga, la famosa fiesta de Cangas del Narcea. La asociación, que no negaba expresamente la presencia de mujeres, aunque sí lo hacía de facto, decidió convocar una asamblea con el objetivo de cambiar los estatutos. El cambio buscaba, sorprendentemente, consagrar formalmente una exclusión que se produce desde que esta entidad organiza los festejos, esto es, desde 1902, integrada en la actualidad por unos 2000 socios. La votación arrojó una enorme mayoría a favor del veto a las mujeres (521 votos) frente a quienes consideraban que la discriminación debía terminar (121 votos).

El presidente de la Sociedad, Arturo Marcos Boto, aseguraba que “ellas son inteligentes y no desean entrar en la asociación”. La afirmación entra en contradicción con la solicitud de una joven canguesa, Rosa Conde, que pretendió formar parte del grupo de artesanos. Para el grupo masculino, esta pretensión “ha tambaleado los cimientos de la centenaria sociedad”. La declaración, reproducida por todos los diarios y emisoras locales, pone de manifiesto la preocupación que la igualdad entre sexos provoca todavía en algunos sectores sociales, acostumbrados a privilegios. Marcos Boto, en declaraciones a un periódico regional, reiteraba su negativa a la participación femenina porque la Sociedad que él preside “ha funcionado bien durante sus 104 años de historia sin mujeres, y no veo la razón por la que no lo vaya a seguir haciendo en el futuro”. Para él, la solicitud de Conde, que fue avalada por unas 200 firmas, fue el detonante del cierre en banda de los asociados, negando así cualquier posibilidad de iniciativa femenina. Según este cangués, la asociación es apolítica y su única finalidad es tirar voladores en las fiestas del Carmen. Sin argumentar razón alguna que pueda explicar los beneficios de la exclusión, recomienda a sus vecinas que impulsen la Sociedad de Bienhechoras del Carmen, lugar desde donde considera que podrán “conseguir prácticamente todo lo que quieran”. Por su parte, el Instituto Asturiano de la Mujer ha asegurado que se emprenderán acciones legales contra la Sociedad.

La participación de las mujeres en la cultura, el gran problema

En España es bastante frecuente la exclusión femenina de los actos sociales y festivos, casi siempre apoyada en tradiciones que, como en el caso de Cangas del Narcea, no tienen más de 100 años de existencia y que, en general, sirven como excusa para consagrar la discriminación de la mitad de la población. Una de las estrategias para mantener estas exclusiones es el ofrecimiento de participar en grupos paralelos, segregando la intervención en función del sexo. Las sociedades en las que sí pueden participar las mujeres suelen ser subsidiarias de las primeras y carecen del mismo prestigio y, sobre todo, de la misma capacidad de decisión. La segregación a otro espacio jerárquicamente inferior es una fórmula que produce frutos para quienes no desean modificar el orden social. De hecho, es la misma táctica que utilizan los estados que no desean la igualdad entre hombres y mujeres, preocupados a menudo en separar la educación de niños y niñas, lo que permite diferenciar contenidos currículares, actitudes y normas. En el extremo más radical, se encuentran las organizaciones que niegan sin más la presencia de mujeres.

Entre las primeras, destacan varias fiestas de fuerte implantación en España. Una de ellas es la de Moros y Cristianos de Alcoy. En este evento, las mujeres pueden formar parte de los festejos con trajes oficiales, pero no alcanzan los mismos derechos que los varones que participan en la Trilogía. Lo mismo ocurre con la preponderancia masculina en la gestión y organización de las Hogueras de San Juan, tal y como sucede en Asturias con la Descarga. El colectivo Fonèvol, que trabaja por la integración de las mujeres en las fiestas alicantinas, destaca que en los últimos años se ha conseguido incluir a niñas sin votación de los socios, pero también insiste en la necesidad de caminar hacia la igualdad de forma decidida. Más de lo mismo se produce cada año en las influyentes y famosas procesiones de Semana Santa en Andalucía. En 2005, se mantenían las prohibiciones para la participación femenina en 26 hermandades de las ocho capitales andaluzas. Aunque es un hecho que en los últimos tiempos muchas otras han admitido la presencia de mujeres, para ellas todavía se sigue prefiriendo su papel de “camareras de la Virgen” y ni siquiera hay una palabra adecuada que nombre a las mujeres que hacen de “costaleros”, siendo uno de los términos que más suenan el de “andera”. Sin ir más lejos, en Asturias todavía se reserva ese papel de camareras a las mujeres de muchos pueblos que subastan ramos, como la parroquia asturiana de Coalla, en Grado, que lo hizo en enero en honor de San Antón y que segrega la participación femenina a cocer los panes que luego son subastados. Más famosa es la exclusión del Alarde, la famosa fiesta de Hondarribia, en Guipúzcoa, protagonizada únicamente por hombres, aunque en los últimos años se ha creado otra organización mixta que se manifiesta el mismo día del desfile. Multitud de sociedades culturales, en nombre de la tradición, mantienen vetos sexistas. Algunos salen en prensa, como el del Liceo de Barcelona; los Txokos, sociedades gastronómicas vascas, o El Palmar, la asociación de pescadores valenciana. Muchos otros son apenas conocidos por la opinión pública y se mantienen con el apoyo de numerosos grupos de población, en nombre de la tradición.

 

 

La emancipación de los jóvenes

en Asturias

En Asturias sólo el 34,3 % de los jóvenes con edades comprendidas entre los 18 y los 34 años ha podido independizarse y abandonar el hogar paterno, un porcentaje que nos sitúa a la cola en la estadística de nuestro país. De ello hemos hablado con Paulino Feito Alonso, presidente del Consejo de la Juventud del Principado.

-Los datos estadísticos provienen del OBJOVI (Observatorio Joven de Vivienda en España) ¿Puede explicarnos en qué consiste este Observatorio?

-El OBJOVI es una herramienta que se pone en marcha desde el Consejo de la Juventud en España y dicho Consejo se encuentra dentro del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. El OBJOVI es un organismo interlocutor entre los jóvenes y la Administración estatal y es una herramienta necesaria para analizar los datos específicos del fenómeno de la vivienda y la emancipación en España. Cada tres meses se actualizan los datos y con ellos se elaboran unos informes y se envían a todos los Consejos autonómicos para que conozcan, no sólo cuál es el estado actual sino la progresión de las cifras de emancipación en todo el Estado.

-¿Es verdad que a los jóvenes asturianos les cuesta emanciparse?

-En efecto, es un hecho real y comprobado, si hacemos caso a lo que nos dicen las estadísticas y también a lo que percibimos a nuestro alrededor. A los jóvenes asturianos nos cuesta emanciparnos mucho más que a los de otras comunidades españolas, de hecho somos los últimos.

-¿A que se debe este fenómeno?

-En el tema de la emancipación hay que tener en cuenta dos factores; por un lado el mercado inmobiliario, el precio que tienen las viviendas en el mercado, y la disposición que hay de ellas tanto para poder comprarlas como para alquilarlas; y por otro lado, tener acceso a un empleo que te permita poder independizarte. Ambos factores deben trabajarse en conjunto si se quiere lograr una mayor emancipación de los jóvenes.

-¿Qué sensibilidad hay en la sociedad asturiana sobre este tema?

-En los últimos años hay una cierta concienciación de los partidos ante esta cuestión, que ven que hay que atajar. En base a esto, en esta legislatura y desde el Ministerio de la Vivienda, se ha puesto como prioritario asumir este problema. También, en las diferentes comunidades autónomas, vemos que cada una intenta atajar esta situación poniendo en marcha políticas encaminadas a bajar la edad de emancipación de los jóvenes. Con lo cual un primer objetivo está cumplido y es que este tema ha pasado a ser de prioridad política.

 

- Entrevista completa en la edición de papel -

 

 

 
   

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