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En
no pocas ocasiones hemos asistido a debates localistas, recelos
aparentemente insuperables y competiciones absurdas entre los 22
municipios que forman el Área Central Asturiana.
En España es bastante frecuente la exclusión femenina de los actos
sociales y festivos, casi siempre apoyada en tradiciones que, como
en el caso de Cangas del Narcea, no tienen más de 100 años de
existencia.

"En el tema de la emancipación hay que tener en
cuenta dos factores: la disposición de viviendas tanto para poder
comprarlas como para alquilarlas; y el tener acceso a un empleo"
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Algunas
realidades que los asturianos vivimos cotidianamente
no acaban de tener su correlato en la actuación de
las administraciones públicas y en el entramado
institucional. El ejemplo más patente es el Área
Central de Asturias, sobre cuya ordenación
urbanística viene hablándose con intensidad a raíz
de la propuesta del llamado Plan Territorial
Especial Periurbano de Oviedo, Siero y Llanera,
planteado recientemente por el Gobierno autonómico.
Miles de asturianos desarrollan su actividad diaria
en el Área Central, entendida como una conurbación
que, en muchos aspectos, opera en la práctica como
una misma realidad funcional. Un trabajador
ovetense, por poner un caso, se despierta en el
barrio de Pumarín de la capital, se pasa la mitad
del día desempeñando su labor en el Polígono
Industrial de Asipo (Llanera) y unos cuantos
sábados, sobre todo cuando viene el buen tiempo, los
pasa en cualquiera de las playas de Gijón; su esposa
da clases en un instituto de Lugones; su hijo mayor
vive en su casa pero trabaja en las instalaciones de
Arcelor en Avilés; y su hija pequeña todos los días
va y viene hasta el Campus de Mieres, donde estudia
su carrera universitaria. Familias como ésta son
cada vez más comunes en la llamada Ciudad Astur,
donde las distancias –de por sí pequeñas- se han
estrechado merced a la especialización de
territorios, la distribución local de actividades
económicas y la mejora de las infraestructuras de
transporte, en las que, todo sea dicho, aún hay
mucho que mejorar.
Si ante esta constatación las administraciones
públicas permaneciesen indiferentes, cometerían un
error estratégico imperdonable. Sin embargo, en no
pocas ocasiones hemos asistido a debates localistas,
recelos aparentemente insuperables y competiciones
absurdas entre los veintidós municipios que forman
el Área Central Asturiana. Resulta además notable la
contumaz insistencia de algunos ayuntamientos en
duplicar, a escasa distancia, programas locales
contradictorios e infraestructuras públicas
idénticas, en lugar de sumar esfuerzos en beneficio
del conjunto. A todo esto podemos sumar la actitud
obstruccionista de algunos regidores –el Alcalde de
Oviedo se lleva la palma en esta categoría- que por
temor a perder influencia prefieren descalificar de
antemano cualquier intento de cooperación
institucional antes que remangarse y comprometerse
en la tarea. En el municipalismo asturiano, pese a
los loables esfuerzos de la Federación Asturiana de
Concejos (FACC), no existe aún masa crítica
suficiente para que florezca en su esplendor la
cultura de la cooperación intermunicipal. A tal
carencia se deben habitualmente las justificaciones,
ficticias o de ocasión las más de las veces, que se
pretenden oponer a proyectos que parten de visiones
más amplias y completas del territorio asturiano. En
el caso del Área Central, mientras 400.000
ciudadanos se desplazan todos los días por ella,
mientras la forma de vida de la sociedad asturiana
consolida esta conurbación como una realidad
inapelable, las instituciones y administraciones
públicas todavía están muy lejos de estar a la
altura de las exigencias que este estadio de
desarrollo requiere.
Por eso, sin renunciar a las matizaciones que se
quieran señalar, cabe dar la bienvenida a la
propuesta del Gobierno autonómico para articular el
eje territorial Oviedo–Siero–Llanera, ordenando los
usos urbanísticos y diseñando redes de transporte
público adecuadas para esta zona. Se trata de un
importante paso, al que deberán seguir muchos más,
para comenzar a dar respuestas desde las
administraciones públicas a las necesidades de los
ciudadanos del Área Central. Advirtamos, además, de
un riesgo evidente: si de una vez por todas las
administraciones locales y autonómicas, bajo el
liderazgo integrador del Gobierno regional, no son
capaces de garantizar los intereses públicos y el
desarrollo territorial común del Área Central, la
alternativa será permitir que el irrefrenable
crecimiento urbanístico de esta zona se realice sin
pautas comunes, al albur de decisiones adoptadas con
enfoques localistas y en no pocas ocasiones
sometidas a influencias privadas, en esta época de
privatización encubierta del planeamiento urbano
municipal.
La exclusión en nombre de la
tradición

por Isabel Menéndez
El
año 2006 en Asturias se saldó con el reforzamiento
de la desigualdad entre sexos, gracias a la
iniciativa emprendida por la “Sociedad de Artesanos
Nuestra Señora del Carmen” para consagrar el veto a
la participación de las mujeres en la Descarga, la
famosa fiesta de Cangas del Narcea. La asociación,
que no negaba expresamente la presencia de mujeres,
aunque sí lo hacía de facto, decidió convocar una
asamblea con el objetivo de cambiar los estatutos.
El cambio buscaba, sorprendentemente, consagrar
formalmente una exclusión que se produce desde que
esta entidad organiza los festejos, esto es, desde
1902, integrada en la actualidad por unos 2000
socios. La votación arrojó una enorme mayoría a
favor del veto a las mujeres (521 votos) frente a
quienes consideraban que la discriminación debía
terminar (121 votos).
El presidente de la Sociedad, Arturo Marcos Boto,
aseguraba que “ellas son inteligentes y no desean
entrar en la asociación”. La afirmación entra en
contradicción con la solicitud de una joven
canguesa, Rosa Conde, que pretendió formar parte del
grupo de artesanos. Para el grupo masculino, esta
pretensión “ha tambaleado los cimientos de la
centenaria sociedad”. La declaración, reproducida
por todos los diarios y emisoras locales, pone de
manifiesto la preocupación que la igualdad entre
sexos provoca todavía en algunos sectores sociales,
acostumbrados a privilegios. Marcos Boto, en
declaraciones a un periódico regional, reiteraba su
negativa a la participación femenina porque la
Sociedad que él preside “ha funcionado bien durante
sus 104 años de historia sin mujeres, y no veo la
razón por la que no lo vaya a seguir haciendo en el
futuro”. Para él, la solicitud de Conde, que fue
avalada por unas 200 firmas, fue el detonante del
cierre en banda de los asociados, negando así
cualquier posibilidad de iniciativa femenina. Según
este cangués, la asociación es apolítica y su única
finalidad es tirar voladores en las fiestas del
Carmen. Sin argumentar razón alguna que pueda
explicar los beneficios de la exclusión, recomienda
a sus vecinas que impulsen la Sociedad de
Bienhechoras del Carmen, lugar desde donde considera
que podrán “conseguir prácticamente todo lo que
quieran”. Por su parte, el Instituto Asturiano de la
Mujer ha asegurado que se emprenderán acciones
legales contra la Sociedad.
La participación de las mujeres en la cultura, el
gran problema
En España es bastante frecuente la exclusión
femenina de los actos sociales y festivos, casi
siempre apoyada en tradiciones que, como en el caso
de Cangas del Narcea, no tienen más de 100 años de
existencia y que, en general, sirven como excusa
para consagrar la discriminación de la mitad de la
población. Una de las estrategias para mantener
estas exclusiones es el ofrecimiento de participar
en grupos paralelos, segregando la intervención en
función del sexo. Las sociedades en las que sí
pueden participar las mujeres suelen ser
subsidiarias de las primeras y carecen del mismo
prestigio y, sobre todo, de la misma capacidad de
decisión. La segregación a otro espacio
jerárquicamente inferior es una fórmula que produce
frutos para quienes no desean modificar el orden
social. De hecho, es la misma táctica que utilizan
los estados que no desean la igualdad entre hombres
y mujeres, preocupados a menudo en separar la
educación de niños y niñas, lo que permite
diferenciar contenidos currículares, actitudes y
normas. En el extremo más radical, se encuentran las
organizaciones que niegan sin más la presencia de
mujeres.
Entre las primeras, destacan varias fiestas de
fuerte implantación en España. Una de ellas es la de
Moros y Cristianos de Alcoy. En este evento, las
mujeres pueden formar parte de los festejos con
trajes oficiales, pero no alcanzan los mismos
derechos que los varones que participan en la
Trilogía. Lo mismo ocurre con la preponderancia
masculina en la gestión y organización de las
Hogueras de San Juan, tal y como sucede en Asturias
con la Descarga. El colectivo Fonèvol, que trabaja
por la integración de las mujeres en las fiestas
alicantinas, destaca que en los últimos años se ha
conseguido incluir a niñas sin votación de los
socios, pero también insiste en la necesidad de
caminar hacia la igualdad de forma decidida. Más de
lo mismo se produce cada año en las influyentes y
famosas procesiones de Semana Santa en Andalucía. En
2005, se mantenían las prohibiciones para la
participación femenina en 26 hermandades de las ocho
capitales andaluzas. Aunque es un hecho que en los
últimos tiempos muchas otras han admitido la
presencia de mujeres, para ellas todavía se sigue
prefiriendo su papel de “camareras de la Virgen” y
ni siquiera hay una palabra adecuada que nombre a
las mujeres que hacen de “costaleros”, siendo uno de
los términos que más suenan el de “andera”. Sin ir
más lejos, en Asturias todavía se reserva ese papel
de camareras a las mujeres de muchos pueblos que
subastan ramos, como la parroquia asturiana de
Coalla, en Grado, que lo hizo en enero en honor de
San Antón y que segrega la participación femenina a
cocer los panes que luego son subastados. Más famosa
es la exclusión del Alarde, la famosa fiesta de
Hondarribia, en Guipúzcoa, protagonizada únicamente
por hombres, aunque en los últimos años se ha creado
otra organización mixta que se manifiesta el mismo
día del desfile. Multitud de sociedades culturales,
en nombre de la tradición, mantienen vetos sexistas.
Algunos salen en prensa, como el del Liceo de
Barcelona; los Txokos, sociedades gastronómicas
vascas, o El Palmar, la asociación de pescadores
valenciana. Muchos otros son apenas conocidos por la
opinión pública y se mantienen con el apoyo de
numerosos grupos de población, en nombre de la
tradición.
La emancipación de los
jóvenes

en Asturias
En Asturias sólo el 34,3 % de los jóvenes con edades
comprendidas entre los 18 y los 34 años ha podido
independizarse y abandonar el hogar paterno, un
porcentaje que nos sitúa a la cola en la estadística
de nuestro país. De ello hemos hablado con
Paulino Feito Alonso,
presidente del Consejo de la Juventud del
Principado.
-Los datos estadísticos provienen del OBJOVI (Observatorio Joven de
Vivienda en España) ¿Puede explicarnos en qué
consiste este Observatorio?
-El OBJOVI es una herramienta que se pone en marcha
desde el Consejo de la Juventud en España y dicho
Consejo se encuentra dentro del Ministerio de
Trabajo y Asuntos Sociales. El OBJOVI es un
organismo interlocutor entre los jóvenes y la
Administración estatal y es una herramienta
necesaria para analizar los datos específicos del
fenómeno de la vivienda y la emancipación en España.
Cada tres meses se actualizan los datos y con ellos
se elaboran unos informes y se envían a todos los
Consejos autonómicos para que conozcan, no sólo cuál
es el estado actual sino la progresión de las cifras
de emancipación en todo el Estado.
-¿Es verdad que a los jóvenes asturianos les cuesta emanciparse?
-En efecto, es un hecho real y comprobado, si
hacemos caso a lo que nos dicen las estadísticas y
también a lo que percibimos a nuestro alrededor. A
los jóvenes asturianos nos cuesta emanciparnos mucho
más que a los de otras comunidades españolas, de
hecho somos los últimos.
-¿A que se debe este fenómeno?
-En el tema de la emancipación hay que tener en
cuenta dos factores; por un lado el mercado
inmobiliario, el precio que tienen las viviendas en
el mercado, y la disposición que hay de ellas tanto
para poder comprarlas como para alquilarlas; y por
otro lado, tener acceso a un empleo que te permita
poder independizarte. Ambos factores deben
trabajarse en conjunto si se quiere lograr una mayor
emancipación de los jóvenes.
-¿Qué sensibilidad hay en la sociedad asturiana sobre este tema?
-En los últimos años hay una cierta concienciación
de los partidos ante esta cuestión, que ven que hay
que atajar. En base a esto, en esta legislatura y
desde el Ministerio de la Vivienda, se ha puesto
como prioritario asumir este problema. También, en
las diferentes comunidades autónomas, vemos que cada
una intenta atajar esta situación poniendo en marcha
políticas encaminadas a bajar la edad de
emancipación de los jóvenes. Con lo cual un primer
objetivo está cumplido y es que este tema ha pasado
a ser de prioridad política.
-
Entrevista completa en la edición de papel -
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