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-En principio sólo quería expresarme. La poesía, la mayor parte de
las veces, surge como un impulso, como una necesidad de expresión
del autor. Hubo una época en la que necesitaba un trabajo de
introspección importante y con la poesía encontré una manera de
canalizar los descubrimientos que iba haciendo sobre mí misma. Llega
un momento en el que empiezas a preocuparte también por el lector,
por la comunicación. Lo que me gustaría conseguir sería una mirada
profunda hacia el interior de nosotros mismos, salir de la
superficialidad que nos domina en la vida actual.
-¿Cómo definirías tu poesía?
-Es una poesía melancólica, muy reflexiva. Es una meditación
continua sobre lo que me pasa y lo que sucede a mi alrededor.
También me doy cuenta de algo que empezó de forma inconsciente pero
que está tomando mucho peso, y es el enseñarme como mujer. No me lo
he propuesto pero, se nota que lo que escribo está escrito por una
mujer y eso me enorgullece.
-¿Qué se está perdiendo la persona que no lee este género?
-Creo que cultivar su vida interior, enriquecerla y dedicar un
tiempo a comunicarse de una forma profunda con los demás. Eso da
miedo. El pretexto que pone la gente es que la poesía es difícil y
no la entienden, pero creo que a veces, simplemente, no quieren
entrar en ciertos lugares.
-¿La poesía desnuda a las personas?
-El autor siempre se desnuda y deja entrever cosas que en
condiciones normales ocultaría. Pero es que a los lectores tampoco
les apetece muchas veces ahondar en sus sentimientos profundos. Ya
no es solamente el autor el que se desnuda, te desnudas tú también
cuando logras comulgar e identificarte con la escritura del otro.
-¿Qué valores está olvidando la sociedad?
-Los valores femeninos, que vienen de tiempo inmemorial, están en
crisis. Las propias mujeres nos hemos vuelto competitivas y nos
hemos masculinizado, pero también hay valores masculinos que están
en crisis. Me acuerdo de haber leído un libro muy interesante que
hablaba de cómo los niños actuales no tienen una figura paterna
fuerte que los guíe. Lo que tienen en casa son oficinistas a los que
ven dos horas al día. Así no pueden ser guías ni introducir a ningún
niño en ningún tipo de sabiduría. ∆
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