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“Nuestras obras de
arte deben acercarse al público a través de exposiciones en todos
los lugares de Asturias donde haya un lugar apropiado y garantías
para albergar las obras”
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Tengo sangre maragata, de la que estoy muy orgulloso porque al fin y
al cabo era la capital de la Asturias romana; tengo sangre vasca de
los que vinieron a la fábrica de armas a finales del XVIII; tengo
sangre catalana, Vallaure es apellido catalán; también tengo sangre
francesa y sangre santanderina". Quizás este crisol de influencias
sea necesario para realizar un trabajo que es la suma de una
mentalidad gestora, con un punto romántico: el de salvaguardar el
patrimonio artístico, que es una parte de la memoria de Asturias.
Una labor que requiere apertura mental, amplitud de criterios y
visión de futuro. Con estos ingredientes y alguno más, dirige el
Museo de Bellas Artes de Asturias.
-¿Hay que tener un poco o un mucho de espíritu aventurero para
aceptar un reto como éste?
-Bueno un museo es una organización, fundamentalmente. Se dedica a
la formación de una colección de obras de arte, al estudio y a la
divulgación de esa colección. La conformación de la colección
depende en primer lugar de la colección origen, que en este caso fue
la de la Diputación, y que hoy supone veinticinco por cien de lo que
tenemos. Era una colección heteróclita, muy heterogénea, pero que
sirvió de base. Había conjuntos buenos, como por ejemplo el de
Evaristo Valle, excepcional. Luego, todo depende un poco de los
recursos económicos, del marco jurídico- administrativo en el que
esté inserto el Museo, y de la capacidad de los gestores.
-¿Podríamos decir que la dación de la colección de Pedro Masaveu,
incorporada al Museo a partir de 1995, marca un antes y un después?
-La colección de Pedro Masaveu supuso para el Museo dos cosas.
Primero, un incremento cualitativo y cuantitativo muy importante. Y
segundo, un reto: llegaron cuatrocientas diez obras sin estudiar
prácticamente, sin pedigrí, por decirlo así, y algunas en mal estado
de conservación. Hicimos diez proyectos de exposiciones y también un
proyecto a medio plazo de restauración. Todo eso ha sido un reto muy
importante para nosotros.
-El Museo siempre ha mantenido una importante política de
adquisiciones. ¿Ha sido uno de sus puntos fuertes?
-Eso ha sido determinante, y es algo además que no tienen la mayoría
de los museos de España. En nuestro caso hemos tenido una política
de adquisiciones y también ha habido recursos para poder mantenerla
a lo largo de los años.
-¿Podríamos decir que con tal patrimonio tenemos un Museo que juega
en Primera División?
-Nosotros estamos jugando en Primera División desde hace tiempo,
porque llevamos años desempeñando un papel modesto pero de cierto
relieve nacional. Eso ha sido gracias a algunas de las exposiciones
que hemos hecho, con las que hemos contribuido a mejorar aspectos
concretos del arte español, y también gracias a algunas líneas de
investigación propias, como es la de las artes industriales, en las
que somos posiblemente pioneros y hemos abierto un camino
importante.
Nuestro problema fundamental ahora es el espacio. Con eso, y con la
organización adecuada, jugaríamos mejor en Primera, aunque lejos aún
de otros museos como El Prado, que no juega en Primera división,
sino en Marte o en Venus.
-¿Hay que acercar el arte a la gente, o es la gente la que debe
acercarse a los museos?
-Es la gente la que tiene que acercarse al patrimonio. Quienes somos
responsables de una gestión patrimonial, como por ejemplo el Museo,
tenemos que facilitar ese acercamiento a base de algo fundamental:
la educación. Sin eso no hacemos nada. Los museos tenemos que
facilitar los medios para hacer llegar al público ese conocimiento a
través de especialistas. Lo que pasa es que en España no hay mucho
rodaje en ese sentido. En ese campo Europa nos lleva muchos años de
adelanto.
-Organizar muestras itinerantes ¿es una buena fórmula para acercar
algunas colecciones a distintos lugares de Asturias?
-Sí. Esa fue una idea que tuvimos desde siempre y la pusimos en
marcha. Evidentemente, cuando el Museo abrió sus puertas la
colección que teníamos era mucho más pequeña, y el trabajo interno
nos ocupaba mucho menos tiempo. Por aquel entonces se hicieron una
serie de exposiciones itinerantes. Pero hubo que dejarlo porque no
había medios humanos suficientes y porque tampoco había entonces un
tejido de salas de exposición adecuado. Este será uno de los temas
que el Museo debe retomar cuando sea efectiva la ampliación.
Nuestras obras de arte deben acercarse al público a través de
exposiciones en todos los lugares de Asturias donde haya un lugar
apropiado y garantías para albergar las obras.
-Las galerías y salas de exposición más pequeñas ¿qué papel
desempeñan a la hora de divulgar las obras de los artistas
asturianos?
-El tejido social es importantísimo. En Asturias hay muy buenas
galerías. Hoy día, gracias a ellas, se ha ido creando un público que
está acostumbrado a ver otras cosas. También se ha generado un
pequeño coleccionismo que es el que sustenta a los pintores
asturianos, que no sólo viven lógicamente del vender oficial.
El artista asturiano joven puede estar representado en un Museo como
éste, y a la vez, el hecho de que ese pintor aquí representado
exponga en una galería de Gijón o de Avilés es muy importante
también para el Museo. Tiene que haber una simbiosis.
-Las obras de arte ¿deben salir de los salones privados para ser
mostradas en público?
-Por supuesto. El hecho de que las colecciones privadas se puedan
exponer en los museos es muy importante por muchas razones, pero
fundamentalmente porque la obra pasa del ámbito privado al ámbito
público, aunque sea a través de una exposición temporal.
En ese sentido nosotros presentamos en España por primera vez una
colección muy española, la Colección Apeles, hecha desde la órbita
de la historia del arte español del siglo XVI y XVII; también la
Colección de Plácido Arango. Es una línea que esperamos continuar. ∆ |