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De las diferentes
parroquias que visitó (el arzobispo de Oviedo) sólo en una pudo
oficiar misa, para una sola feligresa. Se manifestaron dos
realidades en un solo acto: el despoblamiento del mundo rural
asturiano y la desafección creciente de la ciudadanía hacia la
Iglesia Católica.

Foto:
Fusión
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Comuniones por lo civil

Por Gonzalo Olmos Fernández-Corugedo
Me cuentan que hace no muchos años, en una parroquia de Oviedo más
de un niño celebró su comunión por lo civil, según la expresión
acuñada por los padres. Se trataba de convertir la celebración de
este sacramento católico en una necesaria representación para
satisfacer piadosamente a familiares (generalmente abuelos) deseosos
de que el niño querido protagonizara ese rito de paso ante sus ojos.
En estos casos los padres no tenían mayor intención de educar al
crío en los dogmas católicos, ni obligar al hijo a las
correspondientes sesiones de catequesis en las que aprendería a
recitar el credo, el padrenuestro o la salve. De modo que la
solución era tirar por la calle del medio y acudir a una suerte de
redención por metálico: previo pago de la correspondiente aportación
extraordinaria a la parroquia, el niño, -sujeto pasivo de la
comedia- se incorporaba a la lista de elegidos para el sacramento.
En ocasiones, seguramente para remediar la mala conciencia del
párroco o por pura apariencia, mediaba un singular examen que venía
a ser algo así como un control de memoria en materia sagrada, y que
consistía en que el aspirante a comulgante repitiese una o dos
oraciones elementales. En un caso de estos cuyos detalles han
llegado a mis oídos el pago consistió en 5.000 ptas. de las de
mediados de los 80 y una sábana para cubrir los bancos de iglesia.
Cosas de la apostólica y romana.
Al igual que en aquella "comunión por lo civil", no pocos
sacramentos de la fe católica han pasado a ser ceremoniales de
encuentro familiar vacíos de contenido religioso, con la evidente
connivencia de los oficiantes. No me digan ustedes que no conocen,
por ejemplo, a decenas de novios y novias que se han casado por la
Iglesia porque queda más bonito -dicen ellos- o para dar gusto a la
familia, con escasa o nula motivación religiosa. No es una denuncia
moral -poco me importan esas decisiones estrictamente personales-;
es una evidencia constatable: la celebración de bautizos, comuniones
y matrimonios ha convertido a la Iglesia Católica, en buena medida,
en una agencia de eventos sociales que, además, pierde clientela a
marchas forzadas. La democracia les ha traído una competencia
irresistible, de la mano de la acofensionalidad del Estado y del
laicismo creciente. Las bodas civiles tienen larga tradición -en la
noche de los tiempos estaban antes que el enlace católico- y ganan
terreno; existen incipientes experiencias de ceremonias de
bienvenida a la comunidad sustitutivas del bautizo; y el día menos
pensado se inventará algún rito institucionalizado de abandono de la
infancia que comerá espacio a la primera comunión. En definitiva, la
gente se hace, por fortuna, menos hipócrita; algunos, además, dan la
espalda a las consignas morales más anticuadas de la Iglesia o
rechazan el alineamiento de su jerarquía con los sectores políticos
más conservadores. Con el ceremonial sustitutivo civil, además, se
ahorran en muchos casos el impuesto revolucionario del párroco de
turno.
Hace unas semanas, concretamente el domingo 24 de diciembre del año
pasado, el arzobispo de Oviedo, en un gesto loable, quiso sustituir
al cura de varias parroquias de Onís que había fallecido
recientemente. De las diferentes parroquias que visitó sólo en una
(San Antonio de Robellada) pudo oficiar misa, para una sola
feligresa. Se manifestaron dos realidades en un solo acto: el
despoblamiento del mundo rural asturiano -en riesgo de convertirse
en un desierto verde-, y la desafección creciente de la ciudadanía
hacia la Iglesia Católica. De esta segunda conclusión la Iglesia
Católica ya es consciente, pero su propia inercia, y el ritmo de los
tiempos, hace casi imposible una reacción; su feligresía mengua en
progresión geométrica al tiempo que, paradójicamente, crece su
pretensión de influir en la toma de decisiones y en el texto de las
leyes del Estado.
Quizás la Iglesia Católica deba empezar a cuestionarse algunas de
sus pretensiones, empezando por su fracasado intento de monopolizar
el enjuiciamiento y orientación de la moralidad individual y
colectiva. Las verdades de la Iglesia Católica hace mucho que ya no
son verdades absolutas e irrebatibles para la mayoría de la
población, ni siquiera para una gran parte de los que continúan
autodefiniéndose como católicos al ser encuestados. Y, por supuesto,
contrariamente a la consigna de todos los ministros de las
diferentes confesiones religiosas -la católica y cualquiera de las
otras- no todo lo que está al margen de la fe religiosa es
relativismo, ausencia de valores y vacuidad espiritual. ∆
Consumo de drogas en Asturias

Un informe que invita a la reflexión
El informe "Observatorio sobre Drogas para Asturias", difundido en
diciembre del 2006 por la Consejería de Salud del Principado, pone
sobre la mesa datos estadísticos sobre el consumo de drogas en
Asturias. Según José Ramón Riera, Director General de Organización
de las Prestaciones Sanitarias y responsable de la Unidad de
Coordinación del Plan sobre Drogas, el estudio sirve también como
método de análisis de los comportamientos de los jóvenes, y pone de
manifiesto la necesidad de establecer políticas informativas y
formativas.
José Ramón Riera
Director General de Organización de las Prestaciones Sanitarias y
responsable de la Unidad de Coordinación del Plan sobre Drogas
-¿Le sorprenden los resultados obtenidos a través de este estudio?
-No,
no me sorprenden, porque estamos al mismo nivel de otros países
europeos y otras comunidades autónomas, incluso por debajo de la
media nacional en todos los niveles de consumo salvo en algunos
sitios. Otra cuestión es que eso nos tranquilice. Nos preocupa mucho
porque todo consumo de sustancias psicoactivas es perjudicial para
la salud por mínimo que sea, y lo único que tenemos que hacer son
políticas que vayan encaminadas hacia dos cuestiones. La primera a
informar y formar a las personas para que sepan tener una vida sin
consumo de drogas psicoactivas. La segunda política es la que va
dirigida a que, si las personas deciden consumir a pesar de estar
bien informadas, lo hagan de manera que les haga el menor daño
posible.
-Los jóvenes relacionan pasarlo bien con el consumo de drogas, ¿a
qué se debe esta relación?
-Estamos asistiendo a un fenómeno aceptado por todos, y es que los
jóvenes entre los 14 y los 18 años asocian el consumo de drogas a la
idea de diversión, que tiene lugar los fines de semana. Es una
especie de exigencia de las tribus de jóvenes. Es por eso por lo que
hay también una presión al alza en el consumo, sobre todo los fines
de semana.
-¿Se puede deducir del informe que los jóvenes consumen más drogas
que los adultos, según pudimos leer en algunos titulares de prensa?
-Que
yo sepa no se ha hecho ninguna encuesta que se haya dirigido a
comparar si los jóvenes consumen más o menos drogas que los adultos.
Se pueden extrapolar algunos datos, pero para llegar a esta
conclusión habría que hacer un estudio dirigido a evaluar este
problema, coger grupos semejantes y hacer un trabajo con una
metodología rigurosa.
-¿Existe alguna diferencia significativa en cuanto al consumo por
parte de hombres y de mujeres?
-Los datos que manejamos son fiables, pero la interpretación debe
ser cauta. Si hablamos de alcohol, las chicas no superan a los
varones en el consumo diario, pero llegado el fin de semana se
detecta un equilibrio en las cifras en apartados en los que
anteriormente había una gran diferencia. En ese sentido, se puede
decir que el consumo ha aumentado entre las mujeres jóvenes. Sin
embargo, en cuanto a las demás sustancias son los varones los que
predominan. Las razones de esto hay que buscarlas en el hecho de que
las chicas se incorporan a las "tribus" que pasan los fines de
semana de esa forma, y asocian el divertirse con el consumo excesivo
de alcohol. Los jóvenes beben alcohol "para colocarse". No como
elemento socializante, ni como algo añadido a una diversión, sino
que beben directamente para emborracharse. ∆
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¿De todo el abanico de drogas que se consumen en
Asturias,
por cuál manifiestan más preocupación? |
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Nos preocupan todas, pero sobre todo la cocaína, porque
es una sustancia especialmente dañina para la salud. Es
fácil de consumir pero, además de los problemas
vasculares que genera, produce unos trastornos
psicológicos importantes y una dependencia de las más
intensas y de las más difíciles de manejar.
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