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“Es muy difícil
mantenerse muchos años en los movimientos sociales como éste porque
cuestan tiempo, dinero, salud y porque no hemos caído en la
profesionalización”
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-¿Qué fue lo que le hizo comenzar esta militancia en el ecologismo?
-Yo
soy una persona que siempre ha estado cerca de la naturaleza. Soy de
Los Callejos, una aldea de Llanes, y siempre tuve mucho contacto con
la aldea. En los años ochenta tenía inquietudes importantes, huía de
los partidos, pero me parecían importantes los movimientos sociales.
Me pareció que el ecologismo reunía esas condiciones: era un
movimiento independiente, que participaba de una manera activa en
buscar un cambio de la sociedad y donde podía echar una mano en la
medida de mis posibilidades. Entré en contacto con el Colectivo
Ecologista de Avilés, me gustó lo que hacían y aquí sigo, 27 años
después.
-Ahora también es el Portavoz de la Coordinadora Ecologista de
Asturias.
-Sí.
Cuando yo empecé no existía coordinadora de grupos en Asturias. Hubo
varios proyectos, y se intentó establecer una coordinación entre
todos los grupos, cosa que es muy difícil porque cada uno tiene su
propia idiosincrasia. Al final, más que una coordinadora la cosa ha
quedado como un grupo que abarca todo el ámbito de Asturias, en el
que participamos personas pertenecientes a algunos grupos y otra
gente que no está en ninguno. Es muy difícil mantenerse muchos años
en los movimientos sociales como éste porque cuestan tiempo, dinero,
salud y porque no hemos caído en la profesionalización: creemos que
condiciona la independencia.
-¿Se podría entender la ecología como una filosofía de vida?
-Claro, para nosotros el ecologismo es precisamente eso, una
filosofía, una manera de entender la vida que implica cómo te
vistes, dónde vives, qué es lo que utilizas, qué es lo que ves, qué
es lo que bebes, y qué es lo que vas a decidir en el futuro. Para
nosotros no se limita a decir que queremos más espacios verdes o
menos energía contaminante.
-¿Es laborioso hacer una tarea de concienciación ecológica en
Asturias?
-Es
una tarea muy difícil. Ser solidario es complicado. La gente cree
que somos profesionales. Dicen "que vengan los ecologistas", como si
a nosotros nos pagara alguien por ir. No se dan cuenta de que no
siempre podemos responder. En los grupos ecologistas somos muy poca
gente. Estamos limitados de tiempo y para poder hacer una cosa,
tenemos que dejar de hacer otra, con lo cual es muy difícil acudir
todas las veces que nos demandan.
-¿Qué es lo que más le irrita del trato que dan los humanos al medio
natural?
-La
actitud de la gente. Cada uno tiene que asumir las consecuencias de
lo que está sucediendo y no puede consentirse ninguna disculpa. La
realidad es que todos colaboramos a que esto se deteriore, pero no
todos colaboramos igualmente en solucionarlo. Y en ello, hay que
tener claro que quien ocupa un cargo político tiene más
responsabilidad que el ciudadano.
-¿Qué tiene que decir de la política que está llevando a cabo el
Principado de Asturias en relación con la ecología?
-Creemos que esta legislatura ha sido de las peores en relación con
el medio ambiente. No sólo por lo que se ha hecho, sino por lo que
está previsto hacer. La cosa empezó con la Estación de esquí Fuentes
de Invierno. Ahora está sobre la mesa la super incineradora de
Cogersa, once proyectos de centrales de ciclo combinado en Asturias,
una regasificadora, seguimos teniendo la amenaza de dos líneas de
alta tensión desde hace tiempo, junto con una tercera que ya está
prevista, tenemos la amenaza de miles de viviendas en la plataforma
costera y otras tantas en zonas y pueblos que están perdiendo
habitantes. Por último, tenemos una situación ambiental cada día más
deteriorada por una práctica de consentimiento por parte de las
Administraciones. Con este panorama, podrás entender que
consideremos esta legislatura como muy mala a nivel medioambiental.
-¿Cómo convive con el apodo de "radical" que muchos le han colgado?
-Soy
una persona que intenta hablar y me gusta intermediar, pero está
claro que verdad no hay más que una, por más que se pueda someter a
muchas interpretaciones. A las cosas hay que llamarlas por su
nombre, y luego ya veremos si tienen solución. Me gusta ser muy
claro, no me gusta andar con medias verdades y no me gusta lamer
culos. Digo las cosas como son, y si a alguien le parece mal, lo
siento, pero lo digo de corazón, no hay ninguna acritud. No tengo
ningún problema en llevarme bien con la gente, puedo decir que un
político es nefasto pero no tengo ningún problema en saludarlo, o
reconocer otras cosas que está haciendo. Eso, a veces, la gente no
lo entiende. ∆ |