No se trata de ser un agorero y un malasombra ni tampoco de tirar campanas al vuelo y generar
ilusiones baldías para ilusos mal informados. Se trata de echar el
freno por un momento, bajarse del tren de la actualidad y echar un ojo crítico al panorama que nos rodea.

 

 Opinión

MARZO 2007

 

 

 ¿Quo vadis, Asturias?, por Celso Miranda.

  Niños tiranos, pequeños dictadores.

 Viviendas desocupadas: un problema a resolver.

 Ciudades irreconocibles, por Gonzalo Olmos.

¿Quo vadis, Asturias?

 

 

¿Quo vadis, Asturias?

Por Celso Miranda (*)

Se puede ver la botella medio llena, medio vacía o, incluso, si uno es indeciso, las dos cosas simultáneamente. Sobre esta Asturias de nuestros desvelos, por ejemplo, no se trata de ser un agorero y un malasombra ni tampoco de tirar campanas al vuelo y generar ilusiones baldías para ilusos mal informados. Eso queda para los voceros del oficialismo. Se trata de echar el freno por un momento, bajarse del tren de la actualidad (no del de alta velocidad, que  aún no ha llegado), y echar un ojo crítico, al panorama que nos rodea.
Oviedo, la lírica, se inventa polémicas estériles contra todos, busca gigantes donde ni siquiera hay molinos, y se siente rodeada por la conspiración judeomasónica y comunista de siempre, por vascongados aficionados a la ópera, por catalanes bebedores de cava y chupadores de sangre en forma de dineros públicos, etc., etc., etc. Todos envidiosos de la limpieza de las calles (algunas) y de las farolas modelo Oviedo. Y eso sin olvidar a los enemigos internos, traidores ellos, agentes de a saber qué oscuros intereses ajenos al Oviedín del Alma. Y así, de paso, se olvida que las deudas de los despilfarros de hidalguía con aires de grandeza de los que mandan en Vetusta las acabarán pagando los nietos de los nietos de nuestros nietos.
Gijón le da la espalda, mira su reflejo en el mar y encuentra en el espejo, mirándola de frente, a sindicalistas cerriles, trasnochados ellos, que siguen defendiendo su terruño en forma de barco frente a la moda de las recalificaciones urbanísticas, las primeras líneas de playa y muchos billetes de 500 juntos, de esos que dicen que hay tantos en España, y nosotros no vemos nunca en el bolsillo. Y se decide a encerrar a los díscolos por obsoletos, que lo de la lucha de clases y el mantenimiento del empleo es cosa de otro siglo, y ni siquiera del pasado, sino del anterior, oiga.
Avilés está enfadada con la capital y reclama su derecho a parecerse a ésta, compitiendo en palacios de insignes arquitectos, de distinto signo político a priori pero con contenidos peligrosamente parecidos. Ya se sabe, desde los tiempos del rey desnudo, que la corona y su corte pueden ser fuentes de réditos y negocios varios. No creemos algunos, que conocemos de las transparencias de la tela que cubre los reales cuerpos, que dé para tanto el cántaro de la monarquía y sus premios como para apostar todo el futuro de la villa a esa carta.
En fin, qué decir de las cuencas olvidadas, con sus entrañas vaciadas y esa nostalgia eterna de tiempos mejores que no volverán, pero mientras tanto que vengan las grandes superficies para tener dónde gastar la pensión. Podríamos seguir por la franja costera que se defiende panza arriba, demasiado panza arriba, de la fiebre del ladrillo y los campos de golf, o de las reservas naturales que tiemblan ante proyectos pantanosos como los de otros tiempos de nodos en blanco y negro. Si ponemos atentamente el oído, se escucha el lamento de cientos de trabajadores (trabajadoras, la mayoría) que descubren eso de la globalización en sus propias carnes, que descubren de pronto que fabricar airbags en México cuesta bastante menos que en Llanera (pese a que ya quisieran algunas ser mileuristas), y que la loza de San Claudio se puede hacer en China sin que nadie ponga cara de haber roto un plato. Volvamos a subirnos al tren, sin rumbo, antes de que nos entren ganas de romper la botella demediada. ∆

 (*) Concejal IU. Ayuntamiento de Oviedo

 

Gonzalo Olmos Fernández-Corugedo

El macrocentro comercial propone y dispone de nuestras pautas de consumo y de conducta, nos ofrece seguridad sin libertad, aburrimiento sin sobresaltos e ignorancia sin contratiempos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Miguel Silveira

Los casos de padres que solicitan el amparo ante la fiscalía son minoría. Es un tema que les avergüenza. Existen muchos más casos de tiranía en las familias asturianas que no trascienden

 

 

 

 

 

 

Niños tiranos, pequeños dictadores
Foto: FER

 

 

Ciudades irreconocibles

Por Gonzalo Olmos Fernández-Corugedo

MCuando este artículo sea publicado es muy posible que ya hayan cerrado definitivamente los multicines Brooklyn de Oviedo, y, con ellos, desaparezcan las salas de proyecciones en el casco urbano, transmutadas en nuevos supermercados. Llámenme romántico, pero la caída, como piezas de dominó, de todas y cada una de las salas de cine que recuerdo de mi infancia (Real Cinema, Principado, Clarín, Minicines, Ayala) me produce una profunda tristeza, y me invita a pensar en los nuevos senderos que han tomado nuestras ciudades. A partir de ahora, para ir al cine tendremos que sortear, queramos o no, un bombardeo de escaparates y ofertas, carros de la compra y grupos de adolescentes que pasan la tarde en el centro comercial. Aprenderemos a soportar un hilo musical que se acelera cuando las tiendas están llenas para incitar a la rápida compra. Suspiraremos apiñados en las colas de las taquillas. Nos sentiremos, antes de llegar a la sala de cine, hormiguitas en un desfile de consumo rápido, despersonalizado e irreflexivo.
La reducción de las salas de cine a apéndices de los centros comerciales va con el ritmo de los tiempos. No se espera de nosotros que vayamos dando un paseo al cine, ni que veamos una película flotando entre el silencio de la concurrencia, ni siquiera que comentemos la jugada al finalizar la proyección; y por supuesto no se nos exige rumiar una reflexión motivada por la película. Lo que quieren es que vayamos en coche al centro comercial, consumamos perritos calientes y nachos mientras vemos "La pasión de Cristo" (esto lo he visto yo a un vecino de butaca con mis propios ojitos), chismorreemos siempre que podamos, y al finalizar la proyección nos vayamos de compras antes de que se nos ocurra preguntarnos cualquier cosa sugerida por la película. El sistema ya ha conseguido que el cine forme parte, en buena medida, de su engranaje, comprimiendo toda posibilidad transformadora del séptimo arte entre el huracán de los centros comerciales, quintaesencia del modo de vida que nos proponen. Más temprano o más tarde se les ocurrirá alguna estratagema similar (alguna más acertada que los horribles best-sellers que nos inundan) para reconducir la lectura a una actividad inocua para el poder establecido; quizá ni les haga falta mientras los niveles de lectura desciendan y el analfabetismo funcional crezca. Menos mal que todavía nos queda internet como ventana de libertad (acosada, eso sí).
La desaparición de las salas de cine urbano viene de la mano de una transformación de nuestra estructura comercial conectada con profundos cambios de la fisonomía urbana. Los ejes comerciales de barrio languidecen, particularmente en Oviedo, mientras las grandes cadenas de establecimientos y los centros comerciales de nuevo cuño crecen sin limitaciones más o menos efectivas. Un par de datos estadísticos para ilustrar la afirmación: mientras Asturias tiene el 2,6% de la población de España, tiene el 6,1% de la superficie de supermercados e hipermercados; y en los últimos 4 años se ha puesto en marcha el 30% de la actual superficie de supermercados e hipermercados en Asturias. Los barrios pierden tiendas y personalidad, y el punto de encuentro deja de ser la plaza, la calle o la terraza, pasando a ser la escalera mecánica del centro comercial. Se quiebran círculos colectivos -el grupo de vecinos- y se debilitan relaciones personales -el comprador con el comerciante del barrio-. Ningún centro comercial será jamás un ágora en el que se debate sobre el devenir de las cosas: al pasar su puerta sólo somos un número más en su lista de fieles consumidores-adeptos.
Con el cierre de los Brooklyn, en definitiva, damos un paso más para acercarnos al escenario distópico que fabula Saramago en "La caverna": el macrocentro comercial propone y dispone de nuestras pautas de consumo y de conducta, nos ofrece seguridad sin libertad, aburrimiento sin sobresaltos e ignorancia sin contratiempos. ∆

 

 

Niños tiranos


Pequeños dictadores

Niños que se niegan a comer, que insultan y agreden a sus padres y hermanos. Niños que imponen su voluntad, que amenazan con irse de casa y denunciar a sus padres si no consienten con todo aquello que ellos quieren. Una estadística realizada por el Instituto de Atención Social a la Infancia, Familia y Adolescencia revela que, en el año 2005, cerca de una treintena de parejas acudieron al Principado de Asturias en busca de ayuda con la que hacer frente a la tiranía de sus hijos.

Miguel Silveira
Psicólogo Clínico

Tras el paso por su consulta de varios de estos casos Miguel Silveira cree que, gran parte del problema, se solucionaría imponiendo unos límites que los más pequeños deben respetar como parte fundamental de su educación.

-¿Por qué aumenta este fenómeno?
-Hemos pasado de una sociedad autoritaria a otra más permisiva donde se ve con malos ojos todo lo que suene a imposición, prohibición y sanción. Hemos pasado de familias con varios hijos a la predominancia de familias con un solo hijo. Esto significa que el niño se convierte en el único receptor de todas las atenciones. Esto lo perciben claramente algunos niños, que tienden a aumentar su presión sobre los padres para conseguir lo que les apetece. Poco a poco comienzan a adquirir conciencia del poder que tienen, y lo ejercen recurriendo a rabietas, amenazas, chantajes y toda clase de presiones.

-¿Por qué los padres ceden tanto terreno?
-Son proclives a no negarles nada, a agradarles, a compensarlos por la escasez de tiempo que tienen para atenderlos; quieren compensarlos por la ausencia del padre o de la madre, separados quizás; o simplemente les consienten porque resulta más cómodo que prohibirles, reñirles o resistirse a sus presiones.

-¿Qué cifras se manejan en Asturias?
-Se registraron oficialmente unos treinta casos de petición de amparo ante la fiscalía de menores en el año 2005. No conozco los datos del 2006. En todo caso los casos de padres que solicitan el amparo ante la fiscalía son minoría, porque es un tema que les avergüenza. Existen muchos más que no trascienden a los Servicios Sociales y miles que se están fraguando en toda Asturias. En mi caso, desde hace 6 ó 7 años, han aumentado las consultas de padres que confiesan que no saben qué hacer con sus hijos.

-¿Cuáles son los principales problemas que ocasionan estos niños?
-Los niños rompen con sus comportamientos la armonía del grupo familiar y escolar, aumentan el estrés de sus cuidadores y suponen la vulneración de las normas de convivencia, si consiguen salirse con la suya. A medio y largo plazo es un perjuicio para la salud mental y el equilibrio del niño mismo, que va creciendo con una conciencia de poder que luego la sociedad frenará. No lo soportará fácilmente. Son candidatos a convertirse en adictos a sustancias, al desorden, a la falta de autocontrol de sus impulsos, a la intolerancia y a la frustración.

-Para buscar las causas de estos comportamientos ¿dónde tenemos que mirar?
-Los padres tienen la mayor responsabilidad. La mayor parte de ellos no saben cómo educar debidamente a sus hijos en los valores esenciales, nadie les ha preparado en estos tiempos de cambios tan intensos. El sistema educativo también tiene una responsabilidad porque no propicia ni estimula debidamente el esfuerzo, el respeto a las normas, a los demás y tampoco sanciona debida y proporcionalmente las transgresiones. La cultura imperante, permisiva con los comportamientos disruptivos, caprichosos, violentos e indisciplinados facilita que los padres y el sistema educativo vayan en la línea de propiciar los comportamientos tiranos en vez de los comportamientos de respeto a los demás, de cortesía y buenas maneras, de obediencia a la autoridad familiar, escolar y social, así como de reflexión sobre las consecuencias de nuestros actos.

-La administración asturiana ¿responde adecuadamente ante casos de este tipo?
-Creo que necesita más medios materiales y humanos para absorber todos los casos más serios de tiranía que surgen en las familias. Se debería financiar programas de prevención, llevados a cabo por profesionales expertos, que trabajasen en la educación de los padres para que aprendan cómo educar a sus hijos en los valores del respeto social, la comprensión, el esfuerzo y la tolerancia y sepan qué tienen que hacer cuando surgen los problemas. ∆

 

 

 
   

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