Opinión

MAYO 2007

 

 

Seguridad en los centros educativos

Peleas, agresiones, acoso, extorsión… En los últimos años parecen haberse disparado los problemas de convivencia en algunos centros escolares de nuestro país, lo que incluye agresiones entre compañeros y también a docentes. La gravedad de algunas situaciones ha hecho plantearse la posibilidad de aumentar la vigilancia en los centros, mediante la presencia de guardias de seguridad o la instalación de otros elementos, como cámaras o detectores de metales. Algunos las consideran medidas exageradas para los centros escolares.

¿Cree que debería aumentar la vigilancia en los centros educativos para garantizar la seguridad?

“En centros de educación para chicos de edades más avanzadas tiene que haber algún tipo de protección”

 

 

 

“Lo importante es ir a la raíz de ese tipo de comportamientos y corregirlos con medidas educativas”

 

 

“Si se hiciera de forma generalizada me parecería demasiado alarmista”

 

 

 

 

 

 

Angel Francisco Casado

Profesor del C.P. La Gesta (Oviedo)

 “Creo que depende del tipo de centros. Si hablo del nuestro, yo creo que no es muy necesario, porque en este tipo de colegios no suele haber ningún tipo de problema.
Mi opinión es que no debería llegarse a ese extremo, pero por otra parte no podemos cerrar los ojos, dado que estamos rodeados de cierto nivel de delincuencia. Yo sé perfectamente dónde hay, aquí cerca, una serie de muchachos que se dedican a “trapichear” con droga. Lo he visto con mis propios ojos. No quiero relacionar exactamente la droga con la delincuencia, pero existe un vínculo, por lo que considero que en centros de educación para chicos de edades más avanzadas  tiene que haber algún tipo de protección.
Hay profesionales que creen que han perdido la autoridad frente a sus alumnos porque resultan agredidos, pero la autoridad hay que ganársela, no tiene que ser impuesta. Los alumnos me tienen que respetar, pero no porque haya un policía cerca, sino porque me hago valer a través de mis conocimientos y de mi enseñanza”.

 

Luis Fernández de León

Secretario de Política Educativa de CC.OO.

“Nosotros pensamos que los centros educativos no son lugares de riesgo ni para la convivencia ni para la integridad de los escolares. Por tanto, no creemos que se deban adoptar ese tipo de medidas, sino que lo que se debe hacer es favorecer la convivencia entre el alumnado.
Se deben aplicar medidas preventivas si hay situación de riesgo, y medidas correctivas en el caso de que aparezca cualquier problema de convivencia. Ante eso, tolerancia cero, por supuesto. Pero lo importante es ir a la raíz de ese tipo de comportamientos y corregirlos con medidas educativas. Sería interesante también contar con otro tipo de apoyos y recursos que puedan tener los centros, como por ejemplo la intervención de otro tipo de profesionales con las familias de alumnos que puedan tener ciertos problemas. El alumno no es culpable de esa situación, fruto de una determinada situación social”.

 

Pilar Margolles

Secretaria de Información de la USO

“Si se hiciera de forma generalizada, me parecería algo demasiado alarmista, ya que no tenemos constancia de que en todos los centros educativos haya motivos para una vigilancia permanente.
La implantación que tenemos nosotros es en la enseñanza concertada, donde los centros ya tienen impuestas unas medidas y unas normas de seguridad. Por otra parte, hay ciertos institutos donde nos consta que la policía municipal hace rondas a la hora de los recreos.
En resumen, nos parece que las medidas que tienen los centros son bastante buenas, pero también nos parecería bien que, según qué centros públicos, se pusiese un sistema de vigilancia. Sería cada centro el que tendría que analizar si eso sería una medida deseable o no”.

 

Jesús Antonio Fernández

Presidente de la FAPAS Miguel Virgós

“En casos puntuales y concretos, si fuese absolutamente necesario porque no se domina la situación, sería un tema que quedaría a criterio de la propia policía, incluso del consejo escolar. En un principio con policía de cercanías creo que puede ser suficiente.
En centros normales creo que no haría falta, pero no se descarta en centros con problemas serios de convivencia, con alumnos cuya conducta no fuera acorde con la normalidad. El hecho de poner cámaras quizá sería excesivo, pero hay que dejar la vía abierta para poder hacerlo en caso necesario”.

“No se descarta en centros con problemas serios de convivencia”

 

 

José Espiño Collazo

Catedrático de Lengua Castellana y Literatura.

Director del I.E.S. “Valle de Turón”

“Una evidencia acompaña nuestro diario vivir: el ojo escrutador del Gran Hermano se hace cada vez más omnipresente, atreviéndose incluso a abandonar la esfera de lo virtual y tornarse visible a nuestros propios ojos, en forma de cámaras que nos vigilan y persiguen por doquier. Por una de esas extrañas paradojas, a medida que los ámbitos de la libertad individual se volvieron más extensos y diáfanos, se comprobó que el disfrute de sus beneficios y su ejercicio mismo no son posibles sin el imprescindible control y protección que los preserven. Dicho de otro modo: el tándem o binomio “libertad-seguridad” se impone hoy a todos con meridiana claridad. La escuela no es ni puede ser un gueto o una isla separada del resto de la sociedad. Muy al contrario: es el corolario de sus logros y aciertos, al tiempo que pozo de decantación de sus frustraciones y fracasos. Pero es, debe ser, ante todo, instrumento de cambio y transformación, trampolín al que encaramarse en busca del nuevo hombre y la nueva mujer, tubo de ensayo en el que encontrar solución a los problemas planteados, dentro y fuera de la escuela. Peligros de nuevo cuño acechan hoy a nuestros alumnos en el entorno escolar, sea éste el patio de recreo, sus instalaciones o las propias aulas. Algunos de estos peligros nos cercan desde fuera, otros son arrastrados por los mismos alumnos, dentro de sus mochilas o en sus propias cabezas: oferta y consumo de estupefacientes, conductas agresivas y violentas, prácticas variadas de acoso, adopción de hábitos y comportamientos insolidarios y poco saludables, etc. Por otra parte, las nuevas tecnologías nos ofrecen cámaras de vigilancia y otros medios muy eficaces para registrar tales conductas inciviles e identificar a sus protagonistas. El dilema y consiguiente debate, “libertad-seguridad” está, pues, servido en nuestras escuelas e institutos con toda su crudeza e intensidad. Pero, ¿qué podemos y debemos hacer quienes concebimos la escuela como el caldo de cultivo necesario e imprescindible para la formación y crecimiento como personas de nuestros alumnos, cuyo principal ingrediente es precisamente el ejercicio de su responsabilidad, sustentado en un puñado de derechos y deberes básicos? Pues bien, tal vez la respuesta esté en poner todos los medios a nuestro alcance, destinados a preservar esos derechos fundamentales, trenzados por la libertad de la mayoría de nuestros alumnos y de sus profesores, y que muy a menudo se ven conculcados por el “no derecho” de minorías inciviles, cuyas conductas deben ser corregidas y educadas. Por consiguiente, ¿cámaras de vigilancia en las escuelas e institutos? Pues sí, a condición de que se salvaguarde la privacidad e intimidad personal de alumnos y profesores, se instalen previo debate y acuerdo democrático de todo el personal del centro educativo, se perciban como un medio más al servicio de los derechos personales y de los objetivos y fines escolares y se les confiera una función disuasoria y educativa. Porque, no lo olvidemos, estamos, nada más y nada menos, que en la ESCUELA, y aquí venimos a aprender a convivir en libertad, y a responsabilizarnos de nuestros actos, con cámaras, sin cámaras, o a pesar de ellas.

 

 

 
   

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