No me gusta caer en la dinámica de venir a Asturias para sacar una playa bonita, eso me parece más de lo mismo. Hay que saber que hay otras historias y otros espacios como la zona centro o las cuencas mineras

 

 Entrevistas

OCTUBRE 2007

 

 

José Antonio Quirós

Director de cine

El director de cine José Antonio Quirós ha aprendido a transformar la realidad en ficción. Sus películas y documentales, en los que maneja con maestría la lágrima y la risa, se han convertido en reductos de humanidad que no admiten la indiferencia. Texto: Lupercio González / Fotos: © El Nacedon Films

Quirós en un día de rodaje

 

El soñador que quiso contar historias

José Antonio Quirós vivió varias vidas en una sola. Las vidas que le fueron prestadas pertenecían a personas que él sacó del anonimato y convirtió en personajes reales. De esos que lloran, sienten y padecen. Primero se reencarnó en las viudas de los mineros asturianos gracias a su documental "Solas en la tierra". La oscuridad de la mina fue también la inspiración para su primera película "Pídele cuentas al rey", con la que consiguió hacer "una historia de humor social con mucha ironía". Ahora, este morciniego da los últimos retoques antes de presentar "Cenizas del cielo", un largometraje rodado en Ribera de Arriba y Morcín que plantea las contradicciones que existen entre el desarrollo y el medio ambiente.

 

 

 

 

 

 

En ‘Cenizas del cielo’ no sólo se plantea si el ser humano va de la mano del progreso, sino la incapacidad que tenemos de vencer a ese progreso, que se nos hace muy grande y a la vez muy peligroso

-Te consideras "un soñador que quiere contar historias". Para hacer eso, ¿hay que tener las alas libres?
-La verdad es que podría decir que, con esta película, he conseguido más de lo que yo esperaba. Es muy difícil que una película consiga plasmar lo que has soñado, pero en ésta considero que estoy más cerca de lo que soñé. Tal vez sea así porque lo hice desde la libertad y desde el riesgo, sin ningún tipo de mediación. De esta manera se hace un cine más personal sin que deje de ser entretenido. En este trabajo lo que más me ha importado ha sido el espacio, las emociones y el explorar una nueva manera de ver la vida. Yo me considero un contador de historias a mi manera. Trato de contarlas desde la obsesión, porque si no hay obsesión no hay historia que contar. Mis películas pertenecen a un cine social con emociones y con personajes. Sobre todo es inquieto con la utopía y con las inquietudes de los individuos.

-Vuelves a Asturias para rodar tu nueva película, ¿te asalta la nostalgia?
-Cuando me fui a estudiar a Madrid uno de los grandes problemas a los que me enfrenté era el pudor que tenía para contar nuestras cosas. No sé si ese sentido del ridículo que tenemos forma parte de nosotros, pero la película partió de lugares imposibles. Me crié muy cerca de Soto y pasé muchas veces por ahí para ir a Gijón, a Oviedo, León o Madrid y siempre me contaban cosas de ese monstruo, la térmica, y de lo que pasaba en sus proximidades. Como sucede con otros muchos lugares, te preguntas cómo hay gente que pueda vivir ahí. A partir de esto escribimos un guión a través de una historia, partiendo de un escenario y de un espacio. Desde ahí descubrimos un entorno y, sobre todo, un paisanaje muy peculiar. Todavía tenemos muchas cosas que decir. No me gusta caer en la dinámica de venir a Asturias para sacar una playa bonita, eso me parece más de lo mismo. Hay que saber que hay otras historias y otros espacios como la zona centro o las cuencas mineras. (...)

 

- Entrevista completa en la edición de papel

 

 

 
   

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