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“No
me gusta caer en la dinámica de venir a Asturias para sacar una
playa bonita, eso me parece más de lo mismo. Hay que saber que hay
otras historias y otros espacios como la zona centro o las cuencas
mineras”
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José
Antonio Quirós
Director de cine
El director de cine José
Antonio Quirós ha aprendido a transformar la
realidad en ficción. Sus películas y documentales,
en los que maneja con maestría la lágrima y la risa,
se han convertido en reductos de humanidad que no
admiten la indiferencia.
Texto: Lupercio González
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Fotos:
© El Nacedon Films
El
soñador que quiso contar historias
José
Antonio Quirós vivió varias vidas en una sola. Las
vidas que le fueron prestadas pertenecían a personas
que él sacó del anonimato y convirtió en personajes
reales. De esos que lloran, sienten y padecen.
Primero se reencarnó en las viudas de los mineros
asturianos gracias a su documental "Solas en la
tierra". La oscuridad de la mina fue también la
inspiración para su primera película "Pídele cuentas
al rey", con la que consiguió hacer "una historia de
humor social con mucha ironía". Ahora, este
morciniego da los últimos retoques antes de
presentar "Cenizas del cielo", un largometraje
rodado en Ribera de Arriba y Morcín que plantea las
contradicciones que existen entre el desarrollo y el
medio ambiente.
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“En
‘Cenizas del cielo’ no sólo se plantea si el ser humano va de la
mano del progreso, sino la incapacidad que tenemos de vencer a ese
progreso, que se nos hace muy grande y a la vez muy peligroso” |
-Te consideras "un soñador que quiere contar historias ".
Para hacer eso, ¿hay que tener las alas libres?
-La verdad es que podría
decir que, con esta película, he conseguido más de lo que yo
esperaba. Es muy difícil que una película consiga plasmar lo que has
soñado, pero en ésta considero que estoy más cerca de lo que soñé.
Tal vez sea así porque lo hice desde la libertad y desde el riesgo,
sin ningún tipo de mediación. De esta manera se hace un cine más
personal sin que deje de ser entretenido. En este trabajo lo que más
me ha importado ha sido el espacio, las emociones y el explorar una
nueva manera de ver la vida. Yo me considero un contador de
historias a mi manera. Trato de contarlas desde la obsesión, porque
si no hay obsesión no hay historia que contar. Mis películas
pertenecen a un cine social con emociones y con personajes. Sobre
todo es inquieto con la utopía y con las inquietudes de los
individuos.
-Vuelves a Asturias para rodar tu nueva película, ¿te asalta la
nostalgia?
-Cuando me fui a estudiar a Madrid uno de los grandes problemas
a los que me enfrenté era el pudor que tenía para contar nuestras
cosas. No sé si ese sentido del ridículo que tenemos forma parte de
nosotros, pero la película partió de lugares imposibles. Me crié muy
cerca de Soto y pasé muchas veces por ahí para ir a Gijón, a Oviedo,
León o Madrid y siempre me contaban cosas de ese monstruo, la
térmica, y de lo que pasaba en sus proximidades. Como sucede con
otros muchos lugares, te preguntas cómo hay gente que pueda vivir
ahí. A partir de esto escribimos un guión a través de una historia,
partiendo de un escenario y de un espacio. Desde ahí descubrimos un
entorno y, sobre todo, un paisanaje muy peculiar. Todavía tenemos
muchas cosas que decir. No me gusta caer en la dinámica de venir a
Asturias para sacar una playa bonita, eso me parece más de lo mismo.
Hay que saber que hay otras historias y otros espacios como la zona
centro o las cuencas mineras.
(...)
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Entrevista completa en la edición de papel |
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