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“El mercado tan pequeño que hay en asturiano
se compensa con un gran esfuerzo personal, con un trabajo que al
final te termina absorbiendo treinta y seis horas al día” |
-¿Y qué ha cambiado desde aquella primera publicación?
-Volviendo ahora sobre los poemas primeros de este
libro, me sorprendió darme cuenta de que el ‘yo’ que revisó
recientemente los poemas no tiene nada que ver con el ‘yo’ que los
escribió. Creo que son personas muy distintas. De alguna manera son
casi como poemas ajenos, y como tales los trato. Los sigo mirando
con bastante simpatía.
-Comenzó escribiendo en castellano para luego pasar al asturiano.
¿Cómo fue esa transición?
-Pues sí, como los de la mayoría de mi generación
empecé escribiendo en castellano. En un momento determinado me di
cuenta de que no tenía mayor interés para mí. Esa misma etapa
coincidió con una mayor inclinación por la propia lengua, por la
manera de hablar de casa, de los vecinos, del pueblo y también por
unas lecturas más sistemáticas y más profundas de los autores que
escribieron en asturiano en los cuatro o cinco siglos que llevamos
de literatura. Me di cuenta de que ese proceso de creación literaria
me interesaba mucho más que escribir en castellano o cualquier otra
lengua. De pronto las palabras tenían significados dobles y mucho
más interiorizados, más íntimos. Muchas veces eran palabras que
asociabas a tu abuela o al vecino de la casa de enfrente, con una
riqueza de significados extraordinaria. Es posible que el lector
nunca se vaya a dar cuenta de eso, pero a mí en el proceso creativo
me decían mucho. Empecé por ahí. Poco a poco vas construyendo tu
lengua de expresión literaria, vas profundizando en ella, vas
depurando esa herramienta... La verdad es que es un trabajo
apasionante, y lo digo por propia experiencia y también por la de
otros autores con los que la contrasté. Es un viaje del que
seguramente no puedes volver atrás nunca.(…)
Entrevista completa en la edición de
papel
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