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En Asturias, por fortuna, lo colectivo sigue
gozando de prestigio, y los servicios públicos son sostenidos y
utilizados por las familias de renta media como algo propio que
defender, y no como una carga.
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“En estos cuatro años solamente el País Vasco
ha mejorado más que Asturias. Es bueno estar en esas primeras
posiciones, pero no es un tema para competir con los otros, sino con
nosotros mismos”
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Comentarios

Servicios públicos: lo que nos estamos jugando
Por Gonzalo Olmos Fernández-Corugedo
Cuando hablamos de servicios públicos
no sólo hablamos de que el Estado facilite, de forma
directa o indirecta, determinados bienes o
prestaciones a los ciudadanos. Hablamos también de
que el acceso a los mismos tenga un carácter
universal o por lo menos de amplio alcance,
permitiendo a quienes disfrutan de ellos contar con
un mínimo de garantías para el desarrollo de su
proyecto personal de vida, sin tener que fiar
exclusivamente a sus rentas sus propias
posibilidades de supervivencia, éxito y, si me
apuran, felicidad. La cohesión social –y la paz
social, por lo tanto- tienen mucho que ver con la
solidaridad institucionalizada y la redistribución
de la riqueza organizada por el Estado (en sentido
amplio) mediante la transferencia, en especie, de
bienes y servicios para que todos cuenten con un
soporte mínimo vital.
Claro que es difícil que ésta sea la idea que nos
pasa por la cabeza cuando pagamos nuestros
impuestos, aguantamos al funcionario malencarado de
turno o utilizamos un equipamiento público que
presenta deficiencias. Y, aunque las cosas funcionen
bien (la mayor parte de las veces), no siempre
estamos de humor para apreciar que tener una
carretera asfaltada, alumbrado público, un colegio
en el barrio, una decisión judicial que nos
reconozca un derecho o un centro de salud al que
acudir es el resultado de décadas de esfuerzo,
organización productiva, reivindicación social, y en
definitiva el fruto del trabajo de muchas otras
personas. Además, en algunas otras ocasiones hay
quienes tienen la humana tentación de desear un
recorte de tales servicios, para aminorar los gastos
públicos y reducir la carga fiscal que soportan, si
es que ellos pueden permitirse acudir a la oferta
privada. Ya se sabe que en los tiempos que corren es
el aparentemente más fuerte quien desea librarse de
los que (también aparentemente) son más débiles.
Por suerte, hasta la fecha en Asturias se ha
desarrollado un modelo propio de servicios públicos
a la par que se cubrían fases de nuestro desarrollo
autonómico. Hemos utilizado las competencias
recibidas para apuntalar los servicios esenciales,
principalmente la sanidad y la educación, y para
profundizar en otras políticas dirigidas en un mismo
sentido, como las de vivienda, los servicios
sociales, etc. Es cierto que ello ha sido posible en
buena medida gracias a la ventajosa relación
financiera con el resto de España, a la solidaridad
interterritorial y a los fondos procedentes de la
Unión Europea. Pero no es menos cierto que se
podrían haber tomado otras decisiones dirigidas a
minar o devaluar los servicios públicos con otras
intenciones. Algunas Comunidades Autónomas así lo
han hecho, convirtiendo, por ejemplo, la red
sanitaria y educativa de titularidad pública en un
instrumento subsidiario, de ínfima calidad, del que
hacen uso principalmente quienes no pueden pagarse
una alternativa privada, ante el desinterés de las
clases medias. En Asturias, por fortuna, lo
colectivo sigue gozando de prestigio, y los
servicios públicos son sostenidos y utilizados por
las familias de renta media como algo propio que
defender, y no como una carga.
Ahora bien, los riesgos no son pocos. A la tendencia
disgregadora derivada del neoliberalismo más voraz,
que pretende convertir en objeto de mercado todo
cuanto pueda ser materia de transacción económica,
se suman los propios defectos que a veces parecen
inherentes a la cosa pública (sin que debamos
conformarnos con tal conclusión). Por ejemplo,
cuando no se ajusta y prioriza adecuadamente el
gasto público, o cuando directamente se despilfarra,
lo que tiembla es la propia estructura del servicio
público. Y cuando los propios protagonistas de tales
servicios, que son aquellos a quienes se ha
encomendado su prestación en la práctica, no
muestran suficiente compromiso con aquello que se
traen entre manos, lo que están es abriendo la
puerta a un peligroso deterioro del propio servicio,
de incalculables consecuencias.
Viene esto a cuento de la situación que parece
vivirse entre los empleados públicos de determinados
sectores en nuestra Comunidad Autónoma,
principalmente en casos como el de los servicios
sanitarios, en el que valientemente se ha puesto
sobre el tapete por parte del Gobierno Autonómico
una situación que comienza a ser preocupante sobre
el riesgo de la insostenibilidad económica del
sistema, haciendo un especial llamamiento a los
profesionales sanitarios para mejorar su
rendimiento. Nada que objetar frente a las
reclamaciones que éstos tengan que realizar en su
respectivo ámbito de prestación de servicios o
laboral, ya que muchas de ellas serán justas. Pero
deben también tener en cuenta que lo que está en
juego es la viabilidad de un modelo de cohesión
social basado en buena medida en los servicios
públicos y que, de su entrega, responsabilidad y
eficacia dependerá que el día de mañana siga
persistiendo dicho servicio público como tal. §
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Tema del mes

Carreteras asturianas: menos
siniestralidad
|

Foto: L.G. |
Asturias cerró el año 2007 con
cincuenta muertos en carretera, la cantidad más baja
de las últimas décadas y uno de los mejores balances
de todas las autonomías españolas.
Antonio Trevín Lombán,
Delegado del Gobierno en
Asturias, hace una valoración positiva de
estas cifras, siempre con una llamada de atención:
cualquier número de muertos es demasiado.
-A la vista de estas cifras, ¿somos
los asturianos cada vez más responsables al volante?
-Yo creo que sí. Hay que subrayar la
mayor concienciación de los asturianos con esta
lacra social, las víctimas de accidente en
carretera. Ahora son cincuenta muertos, pero en el
2003 fueron ciento dieciséis, así que se ha hecho un
esfuerzo importante que hay que continuar.
-¿Qué medidas serían oportunas para
afianzar esta tendencia?
-Primero mejorar las carreteras,
sustituir las tradicionales por las autovías es una
de las mejores apuestas por la seguridad. Segundo,
mantener las campañas de la DGT, que tiene claro que
la concienciación es fundamental: mayor uso del
cinturón, de los cascos, disminución de la
velocidad, no sobrepasar el nivel de alcohol
permitido... En ese sentido, creo que el carné por
puntos fue positivo, porque aumentó la
concienciación. Y eso debe continuar, para que los
efectos de innovación no caigan en la rutina,
efectuar mejoras cada dos años para que se
despierten las conciencias, para continuar en la
senda en la que estamos, que es una buena senda,
pero sin olvidar que aún partimos con cincuenta
muertos.
-Asturias, además, es la segunda
comunidad donde más desciende la siniestralidad.
-Efectivamente, en estos cuatro años
solamente el País Vasco ha mejorado más que
Asturias. Es bueno estar en esas primeras
posiciones, pero no es un tema para competir con los
otros, sino con nosotros mismos en disminuir los
accidentes, los muertos y los heridos.
-Asturias es también la comunidad con
más radares...
-Para la red de carreteras que
tenemos, el número de radares es importante. Y el
número de fijos va a aumentar también este 2008.
Pero el radar no está tanto para cazar al infractor,
sino para señalar los puntos problemáticos: es
importante que el conductor sepa que ahí debe
observar la velocidad y las señales de tráfico
estrictamente, no tanto por cumplir el código, sino
por asegurar su conducción en esas zonas.
-¿Cómo acabar con los puntos negros?
-Yo creo que una cosa es el punto
negro de circulación, es decir, un colapso en el que
podemos estar dos horas un domingo a la vuelta de un
fin de semana; en ese sentido el cruce de Soto del
Barco es el ejemplo más claro que teníamos en
Asturias. Pero ahí no hay apenas accidentes con
víctimas. Los principales accidentes con víctimas
están en las carreteras convencionales, por lo tanto
la mejora de las autovías es una medida fundamental.
En segundo lugar, son conflictivos aquellos lugares
donde las carreteras convencionales, sin la
alternativa de la autovía, pasan por núcleos de
población. En ese sentido la Dirección General de
Carreteras tiene previsto continuar con la mejora de
circunvalaciones en Asturias.
-¿Cuál es ahora mismo el grupo de más
riesgo?
-Habría que hacer una llamada de
prudencia a las personas que viajan en motocicleta.
Los muertos han descendido en turismos, ciclomotores
y autobuses, pero ha aumentado en motocicletas,
especialmente las de gran cilindrada. Suelen ser
vehículos que se usan el fin de semana para ocio y
turismo, y eso genera una falta de práctica que
exige una mayor atención y concentración. Por tanto,
es fundamental que los conductores de motocicleta
sepan que son un grupo de riesgo mayor que el resto.
§
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