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“La gente que vive en una zona y
observa los fenómenos suele hacer predicciones muy buenas. Hace un
tiempo leí que en la televisión vasca habían recibido la llamada de
un hombre que aseguraba que iba a nevar porque las vacas se habían
tumbado del lado contrario al habitual. Y realmente nevó, los
meteorólogos alucinaban”
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-Y luego hay quien
piensa que el hombre del tiempo se limita a ponerse delante de la
cámara y decir lo que le preparan...
-Sí, hay mucha gente que te comenta: “vaya trabajo, cinco
minutos por la mañana, cinco minutos por la noche...”. Yo no sé si
otra gente tiene meteorólogos detrás que le hagan la previsión pero
nosotros lo hacemos todo aquí.
-Todo el mundo tiene
una opinión sobre el tiempo. No en vano es un tema de ascensor.
-¡Soy un crack de los ascensores! Mucha gente me para y me
pregunta, alguno me reprocha no haber acertado... Bueno, la gente en
general es educada, y se acercan más para elogiar que para criticar.
Aunque yo recibo bien las críticas, porque considero que van con el
sueldo.
-¿Y qué pasa si te
equivocas? Sabrás que muchos planes dependen de lo que tú digas en
pantalla...
-Hay de todo: bodas, vacaciones, incluso parrilladas que se
pueden mojar. Pero hay que asumir que esto tiene un riesgo. No es
una ciencia exacta. Creo que una de las asignaturas pendientes de
las informaciones meteorológicas es transmitir al espectador el
margen de fiabilidad de lo que estás diciendo, acostumbrar a la
gente al concepto de probabilidad.
Yo soy partidario de que si hay tiempo, tiempo físico a la hora de
dar el parte meteorológico, hagamos una información enfocada a dos
sectores. Que la persona que no tiene ningún conocimiento llegue a
una conclusión, y que el que sabe un poco más pueda sacar también
algo de jugo, explicándole cosas un poco más complejas: situaciones
en altura, cómo va a variar el tiempo en los próximos días...
-Lo que sí es cierto es
que Asturias es una zona especialmente difícil para hacer una
previsión.
-Por suerte o por desgracia, y yo creo que es lo primero porque
eso nos da una biodiversidad tremenda, estamos rodeados de
situaciones muy diferentes. Por un lado una meseta, seca. Por otro
el mar Cantábrico y por el oeste el océano Atlántico con la llegada
de frentes cargados de humedad. Y después a eso le sumas las
montañas y valles que tenemos aquí... Evidentemente, no vemos venir
las cosas con tanta antelación como en otras zonas. Además hay muy
pocos puntos de recogida de datos y eso lo hace más complicado
todavía.
Aún así las previsiones han mejorado una barbaridad en los últimos
años, cada vez se afina más. El otro día hablábamos en la radio con
Pilar Sanjurjo, que fue la primera mujer del tiempo de Televisión
Española. Le preguntaban cómo hacía las previsiones y decía: “ay,
hijo, fiabilidad muy poca”. A dos o tres días cometían cantidad de
errores, tenían un cuarenta o cincuenta por ciento de acierto,
cuando ahora se manejan medias siempre por encima del ochenta.
-¿Y la intuición
influye?
-Más que la intuición, la observación. Observar los vientos, las
nubes, eso vale para predecir el tiempo en periodos muy cortos. La
gente que vive en una zona y observa los fenómenos suele hacer
predicciones muy buenas. Hace días leí un artículo contando que en
la televisión vasca habían recibido la llamada de un hombre que
aseguraba que iba a nevar porque las vacas se habían tumbado del
lado contrario al habitual. Y realmente nevó, los meteorólogos
alucinaban.
Esta ciencia se llama fenología: los animales notan los cambios de
presión, las telas de araña se ponen más tensas, contando la
cantidad de cri-cris de los grillos puedes saber la temperatura...
Esas cosas son de observación y valen para previsiones a corto
plazo.
-Voy a ponerte en un
compromiso: ¿tendremos unas Navidades blancas?
-Es imposible saberlo. Por ejemplo, cuando empieza el verano
tanto en Estados Unidos como el Instituto Meteorológico Europeo
sacan unas previsiones que llaman estacionales, pues el verano
pasado se contradijeron los dos. Es inútil hablar de previsiones a
tan largo plazo. Con tres o cuatro días de antelación las
previsiones mantienen una fiabilidad de aproximadamente un ochenta
por ciento. De cuatro a siete días puedes simplemente mirar
tendencias, y a partir de siete u ocho días hacer previsiones para
una zona en concreto ya es hablar de ciencia ficción.
Yo lo que puedo hacer es explicar lo que es más normal en Asturias,
que tengamos unos meses fantásticos en septiembre y octubre y que
diciembre, enero y febrero sean los más fríos... Pero no se puede
hacer una previsión de nieve, ni de precipitaciones, ni de
temperaturas, porque será variable como todos los años. Y eso
también es bonito ¿no? (...)
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