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En clave de cambio
Comienza un
nuevo ciclo. El 2008. Cuatro números ordenados significativamente
que no dejan de ser una cuenta más en el collar del tiempo. Atrás
quedaron doce meses de cambios para Asturias, de novedades, de
mejoras y sucesos.
En el transcurso del viaje anual nuestra región experimentó grandes
y pequeños cambios, podría decirse que mudó su piel. Estrenó nuevos
equipamientos, desarrolló leyes, proyectos, nuevas vías de
comunicación... Fueron doce meses de cambios que consolidan lo que
ya es una realidad, la Asturias de hoy no se parece en nada a la que
conocieron nuestros abuelos. Nuestra región se ha introducido de
lleno en el tiempo de las nuevas tecnologías, que ya están llegando
a los rincones más alejados. La cobertura de Internet alcanza a un
territorio cada vez más amplio, y sus posibilidades se aprovechan en
todos los ámbitos: educación, empresa, comunicación, relaciones
sociales... Los adolescentes son los grandes "internautas", pero no
los únicos. Los mayores, amas de casa, y en general todos los
sectores de población se benefician cada vez más de sus
posibilidades. También los métodos de trabajo tradicionales se han
revolucionado con la incorporación de las nuevas tecnologías. Que se
lo digan a nuestras vacas, que ya conocen los ordeñadores
automáticos. En las aldeas de montaña, a la puerta de la casa siguen
las madreñas y los cayaos, pero en el interior abundan los ratones
inalámbricos, los MP4, los Gps...Y todo convive. Así es la Asturias
de hoy.
Tradición y modernidad. Todo lo que hoy consideramos joven, mañana
será un poco más viejo y con el tiempo formará parte de la historia.
Pero nunca será producto de desecho. Ahí reside la clave del éxito:
en darse la mano, en avanzar hacia el futuro sin perder de vista los
orígenes, el tronco madre del cual surgen las nuevas criaturas, pues
éstas obtendrán su fuerza de las primeras y al final mejorarán el
resultado. Nada se pierde, todo se gana. A la vista está en muchos
de los sectores con los que convivimos diariamente, como ejemplo, el
gastronómico. Desde hace ya varios años nuevas generaciones de
restauradores han introducido otro concepto de cocina, más creativa
e innovadora, diferente a la tradicional pero basada en ella y
respetuosa con los sabores originales. Ante este giro, los antiguos,
los de siempre, han tomado nota y han aprovechado el tirón para
ponerse las pilas y mejorar el servicio.
De eso se trata, de continuar mejorando. La piedra del azabache, ese
lignito extraído de las entrañas de la tierra, tantos años
fraguando, resalta ahora en engarces de nuevo diseño. La fuerza de
lo milenario sigue impresa en su sustancia, y ésta es seducida tanto
por las nuevas como por las técnicas ancestrales. Hasta la
tradicional gaita asturiana ha decidido copar nuevos espacios,
alcanzar las fronteras -por qué no del pop- sin dejar de sonar en
ámbitos más puristas. Incluso desde hace tiempo tiene una hermana
gemela, la electrónica gaita MIDI, que ha descubierto otros
horizontes.
Sumándose al carro de la necesidad de innovación están algunos
jóvenes cantantes de tonada, que se plantean cómo reabrir este
género, experimentando y alcanzando otras metas.
Así es el ciclo de Asturias. Lo nuevo surge de la tradición y la
experiencia, y en su desplazamiento renueva y alimenta ambas
corrientes. No han de rivalizar, sino de complementarse.
Por eso, ahora que comienza un nuevo año y el espíritu se alimenta
de ilusiones renovadoras, de sueños, de objetivos alcanzables, es
importante tener en cuenta que en toda evolución hay movimiento, hay
innovación y hay cambio. Un cambio que permanece unido a lo
original, que respeta lo primigenio.
Asturias lo ha entendido bien: no hay hijo sin padre, ni padre sin
abuelo. |
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