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“Pinté la mar,
pinté la mina, pero sobre todo mi sentimiento estaba en el campo,
tanto en la plástica pura como en la denuncia. Trato de que el arte
sea un mensaje”
“En lugares grandes
como Madrid, hay salas que se quejan de que dan una conferencia y
acuden veinte personas, pero si organizan una fiesta de la cerveza
reúnen muchas más”
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-Manolo
Linares fue y aún es conocido como el “pintor de Navelgas”. ¿Qué le
dice eso?
-Bueno, hay gente todavía en Navelgas que piensa que
yo estoy afincado ahí... Estuve treinta años seguidos en Madrid y
sigo en Madrid, porque realmente es imprescindible para mí. Antes de
eso yo venía a Asturias todos los meses. Primero viajaba en tren, en
los famosos bancos de tercera comiendo la tortilla de patata; luego
ya pude tener acceso a un Diane 6. Siempre estuve vinculado a esto.
Y no falta quien cree que utilicé Navelgas para hacerme popular,
igual que hay gente que dice que yo inventé Navelgas. Eso es como lo
de “¿qué fue antes, el huevo o la gallina? Yo lo único que hice de
verdad fue usar los contactos que tenía en Madrid, traer medios de
comunicación y dar a conocer un rincón de Asturias que, como muchos
otros, creo que tiene muchas posibilidades.
-Fue un impulsor de Navelgas como Pueblo Ejemplar.
-Pueblos interesantes, atractivos y recuperables
tenemos bastantes en Asturias, pero yo soy partidario de premiar a
aquellos que tengan interés, que luchen y que se molesten por
mantener algo. Yo, que contribuí directamente en el tema de la
consecución del premio de Pueblo Ejemplar, puedo decir que el
resultado fue bastante pobre, es más, yo aconsejaría que los jurados
fueran a los sitios donde se dan los premios para ver qué ha sido de
ese premio. La promoción es para sacarle rendimiento y para crear
vida. No fallan los lugares, sino las personas.
-¿Ha influido mucho en su manera de ver el mundo el hecho de haber
vivido en el medio rural?
-Sin duda alguna, porque realmente lo he vivido desde
niño. Yo saqué patatas, cuidé vacas, segué hierba y me revolqué en
los pajares en los primeros escarceos con las mocinas, que era una
cosa muy divertida. Antes, en los años 60, cuando estabas en Madrid
y hablabas de Asturias, parece que sólo existían los mineros. Y los
mineros llegaron después de los campesinos. Pero es que tampoco
habla nadie de los marineros. Asturias es tan plural que lo tenemos
todo. Lo triste es que a estas alturas tengamos que decir que
teniéndolo todo no tenemos nada.
-¿Las reconversiones han hecho más mal que bien?
-Nosotros hemos usado muchas veces esos medios para
vivir de ellos, no para el desarrollo. Ahora está pasando en el
campo lo mismo que en las cuencas mineras o que en el mar. Me ha
llamado la atención que están dando al campesino subvenciones para
que abandonen las ganaderías y que mantengan los campos limpios; es
lo que se llama “jardinero rural”. Esto sigue políticas europeas que
yo no sé si van en la línea de las grandes multinacionales. Lo que
les interesa es que no produzcamos para luego ellos tener el control
del mercado y vendernos, a los precios que ellos quieran, los
productos de primera necesidad que nosotros antes teníamos.
-¿Qué es lo que tenemos entonces?
-Lo que tenemos es un sentido de “babayos”, es decir,
creernos que somos algo. Nos engañaron un poco en el fondo. Nos
creímos que éramos el ombligo del mundo con aquella frase de
“Asturias es España y lo demás tierra conquistada”. Teniendo muchas
posibilidades, carecemos de casi todo porque nos hemos hecho
demasiado cómodos.
-¿Y de qué manera todo esto tiene que ver con el arte?
-Es que la plástica nace ahí, en la vida. Yo siempre
dije que el arte es la vida. En épocas determinadas el arte fue algo
dedicado a una clase alta, el pueblo no percibía nada de esto. Yo
lamento que hoy en día, cuando cualquiera puede estudiar Bellas
Artes igual que estudia ingeniería, el arte no participe más en el
pueblo.(...)

Manuel García Linares nace un
domingo del verano de 1943 en Navelgas, localidad asturiana
perteneciente al concejo de Tineo. Su participación siendo niño de
la vida del campo le hizo absorber una información que plasma en
numerosos cuadros, además de asumir como propia toda la problemática
que acarrean hoy en día las reconversiones en este sector.
Dejó su tierra por Madrid, donde vive desde hace más de treinta
años, pero su amor por Navelgas lo llevó a impulsar y conseguir su
nominación como Pueblo Ejemplar de Asturias.

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