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“Tengo ganas de
investigar por otros caminos, hacer proyectos no tan grandes en
cuanto a material humano como éste, sino más minimalistas, más
cercanos. Quiero una propuesta nueva, dar el paso desde el gran
aparato sinfónico a algo más íntimo” |
-Dicen de esta obra que tiene una melodía cinematográfica. ¿Tú cómo
lo ves?
-En efecto, yo hago una música muy descriptiva, hecha
para ver imágenes mientras se escucha. Keltikhé está planteado como
un viaje musical por el mundo celta, basado sobre todo en la
tradición asturiana. Los títulos mismos de la obra lo dicen: desde “Avalon”,
la isla fantástica donde está enterrado Arturo, hasta “Ástura”, que
es como se cierra la obra, pasando por “Carnac”, “Lancelot”... Son
puntos importantes en la cultura celta que quise representar
musicalmente a través de la voz femenina. La cultura celta es muy
matriarcal, son las mujeres las encargadas de transmitir la cultura.
En homenaje a ellas, utilicé su voz como hilo conductor de la obra.
-¿Qué dificultades entrañó un proyecto de esta envergadura?
-Hay una labor previa de investigación para elegir
los materiales representativos, textos y canciones que encajen en un
tejido sinfónico de una hora y cuarto. Lo que hice fue mantener la
voz tal y como se aprende durante siglos, y empezar a vestirla con
toda la orquestación sinfónica. Hay que tener en cuenta que la
música tradicional es muy sencilla de construcción; son frases muy
cortas y repetitivas para que la gente las pueda aprender y
transmitir de manera oral. El reto era darle cuerpo a esta
sencillez. Meter instrumentos tradicionales en una orquesta
sinfónica no siempre es fácil porque son muy limitados en cuanto a
notas, afinación y estabilidad. Pero llevo ya muchos años en esto y
la experiencia me hizo conocerlos bien y ser capaz de escribir para
ellos.(...)
-Entrevista completa en la edición de papel |