Música

ENERO 2008

 


Foto: L.G.

 

Ramón Prada
Compositor y músico

Dice que vive de la música, pero que come gracias a su trabajo como profesor. Guarda en un cajón proyectos personales que esperan para salir a la luz, y mientras tanto colabora poniendo su creatividad al servicio de otros músicos. Texto: Lupercio González

Keltikhé o la fusión de dos mundos

“Keltikhé” es uno de los recientes trabajos de Ramón Prada, una obra sinfónica encargo del director del Festival Intercéltico de Lorient. El resultado es un disco estructurado en seis  partes donde orquesta sinfónica y música tradicional se conjugan a la perfección.

-La obra Keltikhé, ¿es un sueño hecho realidad?
-Creo que soy muy afortunado al escribir este tipo de música y poder llevarla a cabo. Es un proyecto muy grande a todos los niveles, una obra muy compleja que cuenta con la participación de más de cien músicos, con una orquesta sinfónica e instrumentos tradicionales. Es una obra titánica que ha requerido el apoyo de una institución pública; si no, sería absolutamente inviable.

“Tengo ganas de investigar por otros caminos, hacer proyectos no tan grandes en cuanto a material humano como éste, sino más minimalistas, más cercanos. Quiero una propuesta nueva, dar el paso desde el gran aparato sinfónico a algo más íntimo”

-Dicen de esta obra que tiene una melodía cinematográfica. ¿Tú cómo lo ves?
-En efecto, yo hago una música muy descriptiva, hecha para ver imágenes mientras se escucha. Keltikhé está planteado como un viaje musical por el mundo celta, basado sobre todo en la tradición asturiana. Los títulos mismos de la obra lo dicen: desde “Avalon”, la isla fantástica donde está enterrado Arturo, hasta “Ástura”, que es como se cierra la obra, pasando por “Carnac”, “Lancelot”... Son puntos importantes en la cultura celta que quise representar musicalmente a través de la voz femenina. La cultura celta es muy matriarcal, son las mujeres las encargadas de transmitir la cultura. En homenaje a ellas, utilicé su voz como hilo conductor de la obra.

-¿Qué dificultades entrañó un proyecto de esta envergadura?
-Hay una labor previa de investigación para elegir los materiales representativos, textos y canciones que encajen en un tejido sinfónico de una hora y cuarto. Lo que hice fue mantener la voz tal y como se aprende durante siglos, y empezar a vestirla con toda la orquestación sinfónica. Hay que tener en cuenta que la música tradicional es muy sencilla de construcción; son frases muy cortas y repetitivas para que la gente las pueda aprender y transmitir de manera oral. El reto era darle cuerpo a esta sencillez. Meter instrumentos tradicionales en una orquesta sinfónica no siempre es fácil porque son muy limitados en cuanto a notas, afinación y estabilidad. Pero llevo ya muchos años en esto y la experiencia me hizo conocerlos bien y ser capaz de escribir para ellos.(...)

-Entrevista completa en la edición de papel

 

 

 
   

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