Editorial

FEBRERO 2008

 

Asturias mira al Cantábrico

La costa cantábrica ejerce sus encantos a lo largo y ancho de su superficie. Lo saben bien los constructores, conocedores de hasta qué punto se revaloriza un terreno con vistas al mar. Y lo saben también los alcaldes de los concejos costeros, que se han apresurado a sacar a pasear nuevos planes urbanísticos conforme avanzan las obras de la Autovía del Cantábrico.
Asturias tenía, hasta hace pocos años, la seña de identidad de la incomunicación. Era la Asturias de las carreteras tortuosas, las mismas que gracias a su dificultad preservaban los espacios naturales. Ahora las cosas han cambiado, en buena medida gracias al adelanto de las infraestructuras que nos permiten desplazarnos con suma facilidad de norte a sur, de este a oeste. Doble esfuerzo habrá que hacer ahora para que sigamos teniendo los 350 kilómetros de costa mejor conservados de España. Asusta el efecto “Marbella”, que desde diferentes sectores se intenta evitar en esta región. La misma Ministra de Medio Ambiente ha expresado sin quererlo sus temores al afirmar -en su última visita al Principado con motivo de la firma de un acuerdo para el Plan Nacional de Calidad de Aguas- que desde el Gobierno Central se plantea la compra de terrenos que preserven la línea de costa, cada vez más cotizada. Y eso a pesar de que los efectos del cambio climático se harán notar en el litoral, con consecuencias cuya magnitud es imposible precisar con absoluta certeza. Aún así, el potencial de la costa se incrementa. Y no sólo se mira hacia ella por su gancho turístico y residencial, sino también por las posibilidades que ofrece de cara al futuro el transporte marítimo.
Y es que al parecer, dado el excesivo incremento de tráfico terrestre, el mar se consolida como la mejor de las autopistas para el transporte de mercancías. La UE así lo ha determinado, apostando por la creación de las denominadas “Autopistas del mar”.  Según el mismísimo Comisario Europeo, el transporte marítimo es más barato y respetuoso con el medio ambiente. Y poco ha faltado para que Asturias se ponga las pilas a la hora de optar a buenos puestos de mercado, eso sí, negociando y estando a bien con su compañera más próxima, la comunidad gallega. Conjuntamente, como si de buenos compañeros de pupitres se tratase, Asturias y Galicia han estudiado y han presentado una candidatura al concurso convocado entre Francia y España, que determinará quién se lleva en este caso “la autopista al agua”. Gijón es cabecera en una de las propuestas. Y aunque mucho hemos oído sobre la controvertida ampliación del Musel, todavía oiremos mucho más en caso de que se adjudique. Será una decisión que probablemente se resuelva en el plazo de unos meses y que, aseguran, abrirá nuevos horizontes al mercado asturiano.
Por un lado son buenas noticias, ya que la crisis de los astilleros, la merma productiva de los caladeros, la certeza de un cambio climático, son ecos negativos de una realidad que afecta a nuestro querido Cantábrico. Por otro, supone un aviso real a navegantes, y no precisamente a los de aguas saladas, si no a los que navegan en Puertos del Estado: es tiempo de poner remedio a las deficiencias existentes en Seguridad marítima y luchar contra la contaminación. Lo del Prestige no puede caer en saco roto, si pretendemos que Asturias tenga una gran autopista del mar. Hay que adelantarse a los acontecimientos futuros y si, como se calcula, hay un posible gran incremento del tráfico marítimo, habrá que tomar cartas en el asunto y prever posibles incidencias. Sin ser pájaros de mal agüero, buscar soluciones a posibles problemas. Y ya vamos con retraso.

 

 

 
   

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