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Entre representaciones y
proyecciones, el año pasado vieron la ópera de Oviedo
unas 44.000 personas. |
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Jaime Martínez
Presidente de la Asociación de Amigos de la Opera
Tras su
reelección, Jaime Martínez afronta un nuevo periodo
al frente de la Asociación de Amigos de la Opera.
Ovetense, Jefe del Servicio de Neumología del
Hospital Central, el doctor Martínez es un
caballero, de carácter modelado por algunos avatares
de la vida y también, por supuesto, por una natural
afición a la música. Después de años disfrutando de
Il Trovatore, Carmen o Madame Butterfly entre muchas
otras, afirma con orgullo que todavía conserva la
capacidad de sorprenderse y de emocionarse.
Texto: Carolina Fernández. Foto: Fusión Asturias
“Oviedo se merece
estar en el ámbito de la excelencia”
Su padre se lanzaba todas las mañanas
a entonar el “Espírito gentile”, frente al espejo
mientras se afeitaba. No sabía que con esas notas
madrugadoras de La Favorita empezaba a arraigar en
el niño Jaime una pasión que no ha hecho más que
crecer, y que lo ha convertido en una referencia
para los aficionados a la Opera. Él es responsable,
en la parte que le toca, de que Oviedo se haya
convertido en el Salzburgo de España. Sí, Salzburgo.
Lo afirma sin pestañear: “No exagero. Oviedo es una
ciudad lírica”. Desde luego, la actividad de la
Asociación de Amigos de la Opera a lo largo de
sesenta y cinco años ha modelado carácter y cultura
en la ciudad. Hoy, la temporada de ópera de Oviedo
consta de seis representaciones con cuatro funciones
cada una, flanqueadas por un amplio programa de
conferencias paralelas y otras actividades de
divulgación. Por eso y por ejemplo, desde hace pocos
años se proyectan óperas de forma gratuita en el
Auditorio de Oviedo. Poco a poco, otros concejos se
han sumado al proyecto: Candás, Mieres, Langreo,
Siero... Una actividad intensa encaminada a dar a
conocer el género: cuanta más gente tenga acceso,
mejor. Hay que probarla al menos una vez. Jaime
Martínez lleva cuatro años presidiendo este
entramado. Y ahora estrena su reelección.
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“La ópera ni es para mayores ni hay que saber
mucho para disfrutarla”

Foto: carlospictures ©
Oviedo es la segunda ópera más antigua de
España. Cuida su programa hasta el extremo, manteniendo los grandes
clásicos pero también introduciendo óperas más modernas. |
“Yo
de joven era un bicho raro”, reconoce con toda tranquilidad. Durante
algunos años casi le daba vergüenza decir en alto que le gustaba la
ópera. Estudiando en Madrid, en las aulas de la Complutense,
escuchaba toda la ópera disponible en la discoteca del Colegio Mayor
y empezó a visitar el Teatro de la Zarzuela. Más tarde, ya casado y
en Nueva York, cuando disfrutaba de una plaza en la Fundación
Jiménez Díaz, acudía con su esposa a las matinés del Metropolitan.
Funciones baratas que había que ver de pie y desde atrás. “Ibamos
sábados y domingos, a ver qué caía”. Ya en Oviedo, lo que hubo fue
entradas ciegas durante bastante tiempo, hasta que “en un golpe de
suerte” pudo conseguir las entradas de butaca que disfruta en la
actualidad.
Este hombre es un viejo conocido del Teatro Campoamor, y también se
guarda algún pequeño secreto en común: “Sí, sí, también actué”. Y se
apresura a explicar: “No cantaba, ya me hubiera gustado a mí cantar
bien. Actué como comparsa a mediados de los cincuenta. Maté a Franco
Corelli en Tosca; hice de torero en Carmen, participé en la escena
de la revolución, y tenía que cantar lo de ‘la liberté, la liberté…”
corriendo alrededor del escenario; participé en La Boheme...” Así lo
recuerda hoy el Doctor Martínez, ataviado con la bata blanca con
cruz azul del Hospital Central de Asturias. El bolsillo derecho, a
punto de desbordarse de papeles y bolígrafos. La tarjeta de
identificación aclara: Jefe de Servicio. Hace años que coordina el
área de neumología. Ahora, ya está totalmente recuperado de un
cáncer de amígdalas que le hizo pasar momentos muy difíciles. Pero
hoy no hablamos de eso, sino de ópera. “Desde que soy presidente no
me he perdido ninguna representación en el Campoamor, salvo una”. Y
no es poco. Aclaramos que se refiere a todas las representaciones de
cada una de las obras, para quien quiera hacer la multiplicación.
Eso sin contar los ensayos, que tampoco se pierde si sus ocupaciones
lo permiten.
Claramente, se le escapa el apasionamiento, y eso que hoy no es un
buen día. No para los aficionados asturianos. Esta mañana, Jaime
Martínez nos ha recibido algo contrariado porque se ha conocido la
noticia de la denegación del prometido aumento de la subvención. Se
esperaban ciento veinte mil euros más, primera subida desde hace
cinco años. Pero parece que no va a poder ser, de modo que el doctor
Martínez está algo preocupado. Ya habían ampliado a cuatro las
funciones por representación, una antigua aspiración que ya está
hecha. Ahora habrá que ver cómo se mantiene. Es inevitable la
comparación con Bilbao, pero Martínez siempre rehúsa alimentar la
polémica ante lo que considera un problema político. “Enhorabuena a
ellos. Cada uno hace lo que puede y ellos han podido más. Yo sólo
pido igualdad”. Lo que tiene claro es que las cuentas están al día y
que no van a meterse en una espiral de gastos y deudas. “Tenemos
cuatro años para consolidar la ópera en Oviedo y tratar de estar al
máximo nivel. No sé si podremos mantener las cuatro funciones. Si
hay que volver a tres, pues se vuelve a tres, pero lo que no vamos a
hacer es bajar el nivel de calidad ni tampoco subir el precio de las
entradas. Nos merecemos estar en el ámbito de excelencia”. Estamos
hablando de la segunda ópera más antigua de España, que cuida su
programa hasta el extremo, manteniendo los grandes clásicos pero
también introduciendo óperas más modernas.
Es inevitable hablar sobre el elitismo de un espectáculo que se
asocia a los tiros largos. El tópico dice que es un lujo exclusivo y
caro. Jaime Martínez defiende: “Yo tengo que decirlo muy claro: hay
gente que se gasta sin pestañear seiscientos euros para ir a ver a
Fernando Alonso a Barcelona, y pagar ciento diez para ver ópera les
parece caro. Y fíjate en las entradas para ver al Barça: ¡350 euros
la más cara y noventa la más barata! Y eso no tiene que ver con la
clase social, eso es popular”. Pues hay que darle la razón, aunque
aún habrá que trabajar mucho en la educación y la difusión para
lograr que la ópera llegue a todos los públicos. Y que se entienda.
Y que guste. Lo dicho, mucho trabajo. “Hombre, yo tengo claro que no
le tiene por qué gustar a todo el mundo. ¿No sabes ese chiste tan
famoso? Hoy me gustó la ópera: sólo se me durmió la pierna
derecha...” Se ríe y toma un sorbo de agua. Bromas aparte: “Esto hay
que desmitificarlo. Ni es para mayores ni hay que saber mucho para
disfrutarla. Hombre, un poco sí, para eso tenemos las conferencias
previas. Indudablemente se disfruta mucho más si uno sabe cuál es el
argumento, dónde están las dificultades, cuáles son las arias más
bonitas...”. (...)
Entrevista completa en la edición de
papel. |
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