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Siempre que se cumpla con la no poco
restrictiva normativa de protección medioambiental y se ofrezcan las
garantías suficientes, no parece razonable limitar la capacidad que
puede demostrar Asturias para mantener un fuerte tejido industrial
en lo que atañe a la generación eléctrica.
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Comentarios

Costes (razonables) que hay que asumir
Por Gonzalo Olmos Fernández-Corugedo
En los últimos meses viene
debatiéndose con especial intensidad sobre los
diferentes proyectos de instalación de nuevas
centrales de generación eléctrica, así como sobre
las líneas de alta tensión destinadas a dar salida a
la producción eléctrica en Asturias. Muchos
proyectos están sobre la mesa en un mismo periodo de
tiempo, lo que permite una viva discusión al
respecto. En una breve enumeración que no pretende
ser exhaustiva, cabe recordar las propuestas de
centrales de ciclo combinado que se barajan, se
tramitan o se construyen, para La Pereda (Mieres),
Lada (Langreo), El Musel (Gijón) o Soto de Ribera
(Ribera de Arriba), siendo éstas las que, a tenor de
las sucesivas informaciones periodísticas
aparecidas, más posibilidades tienen de convertirse
en realidad a corto o medio plazo, cuando no está ya
en marcha su construcción (caso de la emplazada en
Soto de Ribera). Por otra parte, la planta
regasificadora de El Musel guarda una indudable
relación con aquéllas, puesto que las centrales de
ciclo combinado se abastecerán de gas para la
generación eléctrica, de modo que el menor coste de
transporte ofrece una posición favorable para su
efectiva implantación. Y, en estrecha relación, la
tan traída y llevada tramitación de las líneas de
alta tensión Soto-Penagos y Lada-Velilla también es
de capital importancia por cuanto mediante éstas se
pretende evacuar el mayor excedente de producción
energética que se prevé en el futuro.
La cosa no sólo va en serio, como atestigua la
presencia en los diferentes proyectos de las
principales empresas eléctricas (Endesa, Iberdrola o
HC Energía, por ejemplo), sino que se corresponde
con un importantísimo hito en el desarrollo
industrial asturiano. Asturias ya es una región en
la que se genera más electricidad de la que se
consume, como resultado principalmente de la
actividad de las centrales térmicas y de nuestra
histórica vinculación con la minería del carbón.
Pero ahora nuestro parque de generación eléctrica
muda parcialmente en sus fuentes, porque se sumarán
las centrales de ciclo combinado y, aunque con una
incidencia todavía menor, la energía eólica en el
Occidente asturiano, sin olvidar el mantenimiento de
la producción hidroeléctrica. Es decir, se subraya
la relevancia de Asturias en el sector energético,
con un cambio en la tecnología y fuentes principales
utilizadas, pero profundizando en la característica
histórica de la región como foco de generación.
Obviamente, un proceso de este calado no es del todo
pacífico, lo que resulta inevitable, y algunos
colectivos ciudadanos de diversa índole han mostrado
sus reticencias por el peaje medioambiental que
puede suponer esta tendencia. A esto se suman los
importantes problemas que ha experimentado la
prolongada tramitación de las líneas de alta tensión
Soto-Penagos y Lada-Velilla, pronunciamientos
judiciales incluidos. Cabría decir, que, de
antemano, puede comprenderse que muchos vecinos no
deseen que cerca de su casa se instale una central
de ciclo combinado, la regasificadora, una
subestación eléctrica o que pase por las
inmediaciones una línea de alta tensión. Pero,
siempre que se cumpla con la no poco restrictiva
normativa de protección medioambiental y se ofrezcan
las garantías suficientes, no parece razonable
limitar la capacidad que puede demostrar Asturias
para mantener un fuerte tejido industrial en lo que
atañe a la generación eléctrica. No cabe aferrarse
al erróneo planteamiento de que “se produzca donde
se consuma” en clave incluso regional, porque supone
una negación de la necesaria especialización en
todos los ámbitos (también el territorial) y en su
visión extrema conduce a la fracasada estrategia de
la autarquía. Además, siendo la medioambiental una
inquietud digna de ser considerada, aunque en el
caso de los ciclos combinados la principal
desventaja es que la fuente energética no es
renovable (el gas), su eficiencia energética es
mayor que la de las centrales térmicas y las
emisiones contaminantes son menores. Mientras que
las energías renovables no hayan crecido lo
suficiente como para representar una porción
mayoritaria de la producción energética –lo que
llevará su tiempo-, no caben posturas maximalistas e
inflexibles ante la oportunidad de desarrollo que se
presenta con la implantación de las centrales de
ciclo combinado.
En un momento en el que la suficiencia energética en
Europa es una cuestión de primer orden y en el que
es preciso incrementar la generación eléctrica –con
el menor impacto medioambiental posible- por el
aumento de población y el crecimiento económico,
desaprovechar las ventajas comparativas de Asturias
y dejar pasar este tren sería una temeridad. Con las
razonables cautelas, es de esperar que en esta
disyuntiva puedan confluir y armonizarse dos
criterios que en Asturias hasta ahora hemos manejado
razonablemente bien: la protección medioambiental
(somos la región con más espacios protegidos sobre
el total del territorio, y con normas
suficientemente garantistas en muchos ámbitos, por
ejemplo el urbanístico); y la potenciación de
nuestro carácter de región puntera en el sector
energético. §
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