Asturias Empresarial

MARZO 2008

 

 

Innovación rentable en la PYME

Por: Prf. Dr. Juan José del Campo Gorostidi,
Consejero Delegado Grupo Empresarial Hevia Corte

Foto: Fusión Asturias

 

Si no conseguimos incorporar a la Pyme al proceso de innovación, no avanzaremos en la implantación de la sociedad del conocimiento.
La dificultad de la tarea guarda proporción con su importancia.

En la carrera de la competitividad mundial, España alcanza un modesto puesto 36. En materia de protección del conocimiento la situación no es mejor. El número de patentes triádicas registradas por millón de habitantes se sitúa netamente por debajo de la media europea. A mayor abundamiento, el índice sintético de los indicadores de innovación, publicado por la Comisión Europea en 2006, nos ubica en el seno del grupo de países que van perdiendo posiciones en la carrera de la innovación. La conclusión es rotunda: la economía española no está basada en el conocimiento.
Consciente de esta problemática –no exclusiva de España-,  la Unión Europea formuló en el año 2.000 la voluntarista declaración de Lisboa, en la cual se estableció como objetivo el desarrollo de la sociedad del conocimiento en Europa. Esta voluntad política ha tenido reflejo en el apoyo de las Administraciones Públicas a la difusión de la cultura emprendedora y a la ejecución de proyectos de innovación en las empresas.
Los fondos públicos inyectados al Sistema Ciencia-Tecnología y la inversión privada en actividades de I+D+i, ha crecido en los últimos años de forma muy significativa. Todos los indicadores de entrada de recursos al proceso de innovación muestran tendencias positivas; publicitándose éstos con notoria satisfacción por parte de todos los agentes. Sin embargo, no conviene olvidar que otros países y comunidades autónomas, en el ámbito europeo y nacional, también están realizando notables progresos. En tal sentido, debemos señalar que el gasto en I+D por habitante de España –año 2004- alcanzó sólo el 59% de la media de la UE-25 y el 44% de la media de la OCDE.

 

En lo que respecta a los indicadores de resultados, la situación es más preocupante. La producción científica en España y su traslación al mercado en forma de conocimiento registrado y contribución al PIB de la actividad tecnológica, avanza a menor ritmo que en los países de nuestro entorno. La Pyme española no termina de incorporarse al proceso de innovación, siendo mayores las dificultades cuanto menor es su tamaño.
El proceso de innovación es consustancial con la incertidumbre, el riesgo y el error. Empresas paradigmáticas, implantadas en los países que lideran la competitividad mundial, yerran más que aciertan en la selección y ejecución de sus proyectos de I+D+i. Tasas de éxito comprendidas entre el 10% y el 35% son habituales en la industria. ¿Podemos imaginar que dos de cada tres iniciativas de innovación que tomara una Pyme concluyeran en abandono o en fracaso? Ciertamente no, ya que la inmediata consecuencia sería la desaparición de la empresa. Es por ello que la innovación permea con dificultad en el tejido Pyme, el cual, por otra parte, junto con el autónomo y la microempresa, es el mayoritario en España.
Si no conseguimos incorporar a la Pyme al proceso de innovación, no avanzaremos en la implantación de la sociedad del conocimiento. La dificultad de la tarea guarda proporción con su importancia. Nadie duda que la innovación constituye un factor estratégico para generar ventaja competitiva sostenible en la empresa. Ahora bien, si no se dan en la empresa y en el entorno las condiciones propicias para ello, el voluntarismo, lubricado con inyecciones de dinero público superficial, como indica el Profesor Nueno, sólo servirá para lanzar EIBT’s al vacío.

Como contribución a lo que podríamos denominar conjunto de buenas prácticas para el desarrollo de la innovación en la empresa, tanto la experiencia como la academia coinciden en señalar las siguientes:
• Integrar el proceso de innovación en la planificación estratégica de la empresa, asegurando el apoyo del empresario a su despliegue y ejecución, incluso, y sobre todo, en caso de que se experimenten dificultades o se detecten errores en su desarrollo. Innovar supone asumir riesgos.
• Crear las condiciones para que en el seno de la empresa se estimule la creatividad y se fomente, valore y recompense la ejecución. Innovar es hacer cosas.
• Buscar la excelencia en el quehacer diario a través del ejercicio de la disciplina operacional, consiguiendo que los centros de trabajo  constituyan paradigmas de organización, orden, limpieza y seguridad. Innovar es hacer las cosas bien.
• Identificar las líneas tecnológicas claves para el negocio y los requerimientos que los clientes actuales y potenciales demandan, estableciendo para ello mecanismos de vigilancia tecnológica y benchmarking competitivo que permitan anticipar y neutralizar la volatilidad que caracteriza a los mercados. Innovar es hacer las cosas de forma distinta y antes que la competencia.
• Implantar prácticas de identificación, desarrollo y retención del talento, fomentando el trabajo en equipo, el carácter multidisciplinar de los mismos y el desarrollo de líderes resonantes creativos y capaces de confrontar la adversidad. Las personas son las protagonistas de la innovación.
• Abordar la internacionalización de la empresa y la cooperación generadora de valor estratégico, estableciendo alianzas y tornando en oportunidad las amenazas asociadas a la globalización. Innovar es cooperar para competir.
Las recomendaciones que efectuamos, ni son sencillas de implantar, ni garantizan resultados a corto plazo, si bien está contrastada su eficacia para mejorar la rentabilidad de las actividades de I+D+i que realice la empresa. §

 

 

 
   

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