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En
lo que respecta a los indicadores de resultados, la situación es más
preocupante. La producción científica en España y su traslación al
mercado en forma de conocimiento registrado y contribución al PIB de
la actividad tecnológica, avanza a menor ritmo que en los países de
nuestro entorno. La Pyme española no termina de incorporarse al
proceso de innovación, siendo mayores las dificultades cuanto menor
es su tamaño.
El proceso de innovación es consustancial con la incertidumbre, el
riesgo y el error. Empresas paradigmáticas, implantadas en los
países que lideran la competitividad mundial, yerran más que
aciertan en la selección y ejecución de sus proyectos de I+D+i.
Tasas de éxito comprendidas entre el 10% y el 35% son habituales en
la industria. ¿Podemos imaginar que dos de cada tres iniciativas de
innovación que tomara una Pyme concluyeran en abandono o en fracaso?
Ciertamente no, ya que la inmediata consecuencia sería la
desaparición de la empresa. Es por ello que la innovación permea con
dificultad en el tejido Pyme, el cual, por otra parte, junto con el
autónomo y la microempresa, es el mayoritario en España.
Si no conseguimos incorporar a la Pyme al proceso de innovación, no
avanzaremos en la implantación de la sociedad del conocimiento. La
dificultad de la tarea guarda proporción con su importancia. Nadie
duda que la innovación constituye un factor estratégico para generar
ventaja competitiva sostenible en la empresa. Ahora bien, si no se
dan en la empresa y en el entorno las condiciones propicias para
ello, el voluntarismo, lubricado con inyecciones de dinero público
superficial, como indica el Profesor Nueno, sólo servirá para lanzar
EIBT’s al vacío.
Como
contribución a lo que podríamos denominar conjunto de buenas
prácticas para el desarrollo de la innovación en la empresa, tanto
la experiencia como la academia coinciden en señalar las siguientes:
• Integrar el proceso de innovación en la planificación estratégica
de la empresa, asegurando el apoyo del empresario a su despliegue y
ejecución, incluso, y sobre todo, en caso de que se experimenten
dificultades o se detecten errores en su desarrollo. Innovar supone
asumir riesgos.
• Crear las condiciones para que en el seno de la empresa se
estimule la creatividad y se fomente, valore y recompense la
ejecución. Innovar es hacer cosas.
• Buscar la excelencia en el quehacer diario a través del ejercicio
de la disciplina operacional, consiguiendo que los centros de
trabajo constituyan paradigmas de organización, orden, limpieza y
seguridad. Innovar es hacer las cosas bien.
• Identificar las líneas tecnológicas claves para el negocio y los
requerimientos que los clientes actuales y potenciales demandan,
estableciendo para ello mecanismos de vigilancia tecnológica y
benchmarking competitivo que permitan anticipar y neutralizar la
volatilidad que caracteriza a los mercados. Innovar es hacer las
cosas de forma distinta y antes que la competencia.
• Implantar prácticas de identificación, desarrollo y retención del
talento, fomentando el trabajo en equipo, el carácter
multidisciplinar de los mismos y el desarrollo de líderes resonantes
creativos y capaces de confrontar la adversidad. Las personas son
las protagonistas de la innovación.
• Abordar la internacionalización de la empresa y la cooperación
generadora de valor estratégico, estableciendo alianzas y tornando
en oportunidad las amenazas asociadas a la globalización. Innovar es
cooperar para competir.
Las recomendaciones que efectuamos, ni son sencillas de implantar,
ni garantizan resultados a corto plazo, si bien está contrastada su
eficacia para mejorar la rentabilidad de las actividades de I+D+i
que realice la empresa. § |