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La recuperación
del oso pardo
Polémica
Regasificadora de El Musel

La recuperación
del oso pardo
El oso, uno
de los emblemas de Asturias, estaba poco a poco
desapareciendo. Hoy, gracias a la movilizaciones en
su defensa y los acuerdos alcanzados con los
cazadores, se vislumbra una ligera mejoría en el
censo osero de Asturias. Aún así, todavía queda
mucho por hacer.
Fotos cedidas por FAPAS
El oso cantábrico es de pequeño
tamaño, en comparación con otros de su especie. Su
contacto con el hombre durante cientos de años ha
modelado su carácter, convirtiéndolo en un animal
absolutamente inofensivo y muy huidizo. En libertad
vive entre veinte y veinticinco años y, sobre todo
los machos, tienen una gran capacidad para recorrer
amplios territorios. Los que habitan en la
Cordillera Cantábrica abarcan un espacio de
aproximadamente doce mil kilómetros cuadrados. Un
oso puede recorrer hasta dos mil kilómetros
cuadrados a lo largo de un año, buscando comida y
hembras en la época de celo.
Lo cierto es que este animal pasa por horas bajas.
El número de ejemplares ha ido en regresión debido a
la caza indiscriminada y al furtivismo. Si a esto
añadimos el cambio en la estructura de su hábitat y
la escasez de sus alimentos habituales, podemos
comprender por qué sólo quedan alrededor de 140
ejemplares de oso pardo y unas treinta osas
reproductoras en la Cordillera.
Roberto Hartasánchez es el presidente de FAPAS
(Fondo para la Protección de Animales Salvajes), y
conoce en profundidad la vida, costumbres y
problemas con los que se encuentra este animal.
“Tradicionalmente en la Cordillera Cantábrica los
animales domésticos que se morían eran enterrados, o
en algunos casos abandonados, en zonas de montaña.
De esa manera formaban parte de la dieta alimenticia
de la fauna salvaje (osos, buitres, lobos...).
Ahora, debido a una serie de normas de la Unión
Europea, esa cantidad de comida es incinerada o
enterrada en otros lugares”. Esta carencia afecta a
los osos en momentos muy determinados, sobre todo
cuando han estado hibernando dos o tres meses y
salen de sus cuevas en busca de proteínas.
Artículo completo en la edición de
papel

Polémica Regasificadora de El Musel
La instalación de la regasificadora
preocupa. Y mucho. Tanto que algunos vecinos de Gijón, en concreto
habitantes de los barrios más afectados en la zona oeste, como La
Calzada, El Jove, Natahoyo o Moreda, se han agrupado en torno a una
Plataforma ciudadana que pretende primero informar, y luego
movilizar.
Fotos cedidas por Plataforma “Regasificadora No”.
La
principal preocupación surge a partir de la falta de datos
objetivos que llegan a la ciudadanía. La mayoría no sabe en qué
consiste este proyecto y qué consecuencias puede tener para los
habitantes de las zonas cercanas. Por eso, a finales de 2007 se
celebran dos charlas en el Ateneo de La Calzada que llenan el salón
de actos hasta la bandera. Viendo que la preocupación es general, a
mediados de enero se celebra la primera reunión y se presenta a los
medios la recién creada Plataforma “Regasificadora NO”. Leo García
es su portavoz.
-¿Cuál es el aspecto que más os preocupa?
-El tema medioambiental. La regasificadora no es una
oferta limpia, como quieren pretender. El gas licuado viene a 160º
bajo cero y se calienta mediante agua de mar. Luego, para limpiar
las tuberías se echa hipoclorito sódico -lejía-, que se vierte al
mar también. Por otra parte, está el problema de traslado en los
barcos metaneros, descarga, almacenamiento, etc. Es un riesgo
constante tener barcos metaneros frente a la costa. Son una
auténtica bomba flotante, y suponen un riesgo aún más elevado que la
propia planta regasificadora, debido a las maniobras de
aproximación, atraque y descarga.
-¿De cuánto volumen hablamos?
-Ellos pretenden llegar a conseguir cuatro depósitos
de ciento cincuenta mil metros cúbicos, en total seiscientos mil
metros cúbicos. Si explota un depósito está demostrado que explotan
todos. Existen accidentes de gas natural recientes en Ghilslenghien
(Bélgica) o en Skikda (Argelia), por poner algunos ejemplos. Esta
última planta estaba situada a diez kilómetros del centro de la
ciudad, y aún a tanta distancia, la explosión provocó la rotura de
ventanas y escaparates. Aquí, en las inmediaciones tenemos Xivares,
Muselín, Jove, La Calzada, parte de El Natahoyo. Hay que hacer
hincapié en que la explosión es muy virulenta. Sólo hay que fijarse
en una bombona de butano, que es capaz de desguazar una casa entera.
¿Qué harán seiscientos mil metros cúbicos de gas?
Entrevista completa en la edición de papel
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