“¿Quién no viene a Asturias dos o tres veces al año? Ya no puede haber ese sentido de la patria perdida, o la Asturias idealizada”

 

 Entrevistas

MARZO 2008

 

 

 

Andrés Villagrá
Profesor de la Pace University de Nueva York

Asturianos en el mundo

No es una historia de la emigración tradicional. Es la historia actual de la Asturias en el mundo globalizado, donde las distancias ya no son ni un problema ni una nostalgia. Texto y  foto: L.G.

La otra emigración

Andrés Villagrá estaba todavía en la Universidad de Oviedo cuando una profesora envió desde Estados Unidos tres vacantes para hacer allí estudios de Doctorado. Hablamos de mediados de los 80. Entonces no había programas establecidos, y las opciones de un filólogo especializado en Hispánicas para trabajar fuera de Asturias consistían en incorporarse a algún instituto que demandara esos estudios. Villagrá logro la plaza que lo llevó a Estados Unidos, después de haber hecho escala en Inglaterra y en Francia. Tras dos décadas fuera, puede declararse buen conocedor del ambiente latino en Nueva York y del interés que nuestra cultura despierta.

 

-¿Cómo gestiona un profesional de Humanidades su trabajo en la Universidad de Pace?
-Lo cierto es que hoy en día el interés por las Humanidades está decreciendo aquí, allí y en todo el mundo. Es una cuestión práctica: obviamente los estudiantes eligen carreras con las que puedan encontrar trabajo. Por eso además de literatura enseño cultura aplicada; temas como el feminismo, el cine; cuestiones sociales y medioambientales desde el punto de vista de los países hispanos; también cursos de español aplicado a los negocios, de traducción, etc. El programa está bien, pero estamos perdiendo números y profesores. Es una realidad hoy en todas las Universidades.

-Durante el curso pasado y por primera vez, organizó unas Jornadas de Cultura Asturiana en la Universidad de Nueva York. ¿Cómo se fraguó esa idea?
-Surgió en Asturias, precisamente en la Oficina de Emigración. Me habían comentado que estaban organizando actividades por Europa y por Sudamérica para unir a la comunidad asturiana en estos países. Me pareció una idea excelente. Quise que sirviera de puente de comunicación, y además que fuese un escaparate para los asturianos que están en Estados Unidos para que presentasen sus actividades, se diesen a conocer y se crease un grupo a modo de red de comunicación.

-¿Y qué peso tiene la comunidad asturiana en este contexto?
-La emigración moderna es un fenómeno de auge reciente. Hoy ya no existe el concepto del emigrante como el que había hace un siglo, o hasta la Guerra Civil, o incluso hasta los años 60. En el mundo moderno, la emigración que sale de Asturias es especializada y profesional. Además, son personas muy móviles, no van para quedarse en un sitio y hacer una fortuna; si al cabo de un tiempo tienen que cambiar de país, lo hacen. Por otra parte, el concepto de emigrante hoy es muy diferente al de antes, porque estos van, vienen y viajan.

-¿Cómo definiríamos entonces al nuevo emigrante?
-A partir de los años 80 ya se habla de otro concepto, el transnacionalismo. Se trata de personas que participan de dos culturas al mismo tiempo, la de Asturias y la del país de acogida, viviendo con identidades múltiples, cambiantes y variables. Yo mismo soy un ejemplo.

-Los centros asturianos ¿qué papel juegan en estos momentos?
-Son centros que surgieron con un sentido de acogida, de comunicación, de asistencia social. Promovían la repetición de unos valores tradicionales que la audiencia pedía en esos momentos. Muchos de estos valores en el mundo de hoy ya no tienen sentido. Las tradiciones sí, por supuesto, pero no lo del retorno y la nostalgia. ¿Quién no viene a Asturias dos o tres veces al año? Ya no puede haber ese sentido de la patria perdida, o la Asturias idealizada.

-La cultura asturiana tiene su hueco dentro de la cultura hispana. ¿Qué está aportando?
-Antes se estudiaba lo que se llamaba la crítica regional, que pretendía buscar cuáles eran las señas de identidad o identificatorias. Ahora hablamos de un regionalismo crítico, que  lo que hace es buscar qué es lo que nos identifica como diferentes, dentro de lo que supone la homogenización cultural que está trayendo la globalización, la televisión e  Internet. Y dentro de ese regionalismo crítico, la llingua asturiana es uno de nuestros signos de identidad, como para cualquier cultura. Sin embargo en este país todavía se ve la lengua como algo marginal, con lo cual estamos tirando piedras sobre nuestro propio tejado.

 

 

 
   

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