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El Bollo le da nombre
a las
Fiestas. |
Avilés, en su nueva etapa, apuesta por la cultura con nombre propio:
Oscar Niemeyer. Un tremendo centro cultural internacional que va a
colocar a la ciudad, y por extensión a la Comunidad, en un punto de
referencia internacional. No hay noticia sobre Avilés, artículo, y
casi conversación de bar donde el Niemeyer no salga a colación.
Parece la panacea cultural, y habrá que ver si lo es, pero desde
luego ha llenado de esperanza a los avilesinos.
Avilés ha despertado, y muestra una ciudad que parecía secreta, pero
que siempre ha estado ahí. En realidad, las chimeneas no dejaban ver
el bosque. Pero ahí está el precioso casco histórico, salvado de la
fiebre del ladrillo gracias a esa misma fiebre (llegó un momento en
que la demanda era tal, que era más barato y rápido construir fuera
que dentro). Ahí está Avilés con sus tradiciones, vivas y en auge,
disfrutando y reconociéndose en su identidad. Ahí están, como
ejemplo este mes de marzo, la Semana Santa y la Pascua, con la
curiosa tradición de la Fiesta de El Bollo.
Avilés hace la Pascua
Partimos de 1893: España vive un próspero romance con ultramar, y de
América, y especialmente de Cuba, llega capital para invertir. En
esa época comienzan las obras de canalización de la ría, y
trabajadores, técnicos e ingenieros se trasladan a Avilés. La
mayoría van a vivir a la Fonda La Serrana. Donde está hospedado
también Claudio Luanco, médico, natural de Castropol, y muy
aficionado a la fiesta y la broma. Entre varios crean un grupo de
tertulia, y deciden organizar una fiesta de primavera. La fecha
elegida es el lunes de Pascua, aprovechando el día de mercado de
Avilés y la costumbre de hacerse regalos entre padrinos y ahijados.
Con ánimo festivo deciden que el regalo será un bollo mantecado en
forma de cruz, a modo de comunión profana. Así, el 2 de abril de
1893, varias muchachas vestidas de blanco recorren en xarrés o
antiguo coche de caballos el trayecto desde la Fonda La Serrana
hasta la Plaza de Abastos. En el carro llevan bollos y vino blanco
de La Nava, que se reparten entre los asistentes. Más tarde hay
fiesta con gaita y tambor: es la primera Fiesta de El Bollo.
A partir de 1917, el Ayuntamiento se hace cargo de la fiesta. Las
muchachas vestidas de blanco se convierten en la Xana, la Xanina y
las Damas de Honor, reinas de esta fiesta popular. En el actual
desfile de carrozas incluso pueden verse antiguos carruajes
restaurados. Antonio López es uno de los propietarios de esos
carruajes de época. “Están restaurados tal como eran en el siglo XIX:
de madera, con los aros de las ruedas de hierro... todo auténtico.
Además van arrastrados por caballos. Y, aunque esto no es Jerez de
la Frontera, a la gente le gusta”.
Y tanto que les gusta. Es tradición que los niños vayan en las
carrozas vestidos con el típico traje regional, y la participación
es tanta que, además del gran desfile del Domingo de Pascua, el
lunes se hace otro, un poco más pequeño, para los niños que no han
tenido plaza en el anterior.
El programa se completa con el tradicional reparto del bollo y vino,
el recital de canción asturiana, el encuentro coral de Habaneras...
En palabras de Rubén Arias, Gerente de Festejos de Avilés, “es un
programa tradicional que funciona muy bien, así que no hace falta
hacerle demasiados añadidos”. Como novedad, el sábado de Pascua y
dentro del programa de las Fiestas de El Bollo, actuará por primera
vez en Avilés el grupo nacional Chambao.
Mesa para muchos
Hace
unos dieciséis años que se celebra la Comida en la Calle el lunes de
Pascua. Es una convocatoria popular que el año pasado reunió a más
de doce mil quinientas personas. Apelando al espíritu rural de jira
y romería, la gente adoptó rápidamente la fiesta como propia, y cada
año se desbordan las expectativas. Así lo explica Rubén Arias,
Gerente de Festejos: “Una actividad de nueva creación, si está
basada en elementos tradicionales, siempre funciona. Por eso la
aceptación es total, y no sólo en Avilés: yo creo que es la
verdadera fiesta de la comarca”.
Para esta fiesta gastronómica y de hermandad, la calle se convierte
en un gigantesco comedor: el Ayuntamiento pone más de cinco
kilómetros de mesas corridas por el centro de la ciudad. Los sitios
se deciden por riguroso orden de inscripción, y una vez conseguido
el asiento, llega la comida: cada uno se la trae de casa, y es
cuando las cestas y tuppers se abren y empiezan a salir empanadas,
tortillas de patata, filetes... y que no falten el vino o la sidra.
Como ejemplo, Teo Esteban Siñeriz no suele perderse una. A pesar de
estar integrado en varios colectivos, como la Cofradía del Santo
Entierro de la Sardina o La Pecera, a la comida en la calle prefiere
ir por libre: “Y luego me junto con más gente. Hay un montón de
grupos: sindicales, políticos, vecinales, amigos que no están en
ninguna órbita... es de una transversalidad enorme. Puedes estar con
unos, tomar café con los otros... Es lo mejor de ese día”.
Según cuenta Rubén Arias, “hay peñas creadas para la ocasión, pero
también van muchas ya existentes: colectivos culturales, deportivos,
sociales, incluso partidos políticos. Es un día en el que se dejan
rivalidades aparte y todo el mundo comparte la botella de sidra y
bebe del mismo vaso. Ese día nos igualamos todos”.
Uno de estos grupos participantes es el de Los Diaños, conocidos
especialmente por su participación en el Carnaval de Avilés. Como
explica, Matías Martínez: “El ambiente es fabuloso, hay que ir a
verlo allí. Nosotros somos unos cuarenta amigos y cada uno lleva
algo. Por ejemplo, el año pasado encargamos unas paellas y cada uno
llevó un postre. Y bueno, estamos hasta que nos echa el personal de
limpieza”.
Como actividad complementaria, desde hace tres años se hace una gran
fabada en la Plaza de España, para unas tres mil personas. En la
sobremesa hay fanfarria en la calle, gaiteros, grupos musicales...
cada una de las plazas es una fiesta en sí misma. “La gente hace
peña y se divierte, ahí no hay edad ni diferencias”, cuenta Teo
Siñeriz. “Es una fiesta que aúna. E incluso los chigreros participan
y arriman el hombro, e intentan que en su zona todo salga bien”.
Esta fiesta, declarada de Interés Turístico Nacional en 1964, tiene
una participación masiva. Los que son de Avilés ya lo saben, pero
los de fuera alucinan. “En el último momento siempre hay personas
que vienen preguntando si hay sitio, sobre todo turistas. Saben que
hay una fiesta, pero una cosa es verlo en un folleto turístico y
otra cosa es salir del hotel y encontrarte con toda la calle
convertida en una mesa. Entonces todo el mundo quiere participar”,
dice Rubén Arias.
Además de la cifra oficial de mesas y sillas contabilizadas, muchos
jóvenes se van al Parque de Ferrera y se organizan por su cuenta,
con lo cual toda la ciudad está fuera de casa, siempre con un ojo
pendiente del cielo para que el tiempo acompañe. En cualquier caso,
ese día Avilés hace vida en la calle. Y la calle es una fiesta. §
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Pascua – El Bollo
Avilés 2008 |
Sábado, 22 de marzo
Chambao en concierto. Plaza de España, 23.45h
Domingo, 23 de marzo
Reparto del bollo y el vino. Pza. de A. Acebal, 11.00h.
Pregón de las fiestas. Plaza de España, 12.00h.
Tradicional Desfile de Carrozas. Calles del centro,
12.30h.
Milla Urbana de Avilés. Centro Urbano, 18.00h.
Sones Asturianos nel Bollo. Pza. de Alvarez Acebal,
17.30h.
XVII Encuentro Coral de Habaneras. Auditorio de la Casa
de Cultura, 20.00h
Gran Verbena. Plaza de España, 21.00h.
Fuegos Artificiales. Avda. Conde de Guadalhorce, 24.00h.
Lunes 24
Fabada pantagruélica. Cocinada en directo por los Xagós
de Miranda. Plaza de España, 13.00h.
XVI Comida en la Calle. Calles del centro, 14.00h.
XXX Concurso de Fabada. Plaza de España, 14.00h.
Desfile de Carrozas “El Bollo”. Calles del centro,
18.00h.
Encuentro Coral de Habaneras. Segunda parte, 20.00h.
Nueche folk del Bollo. Plaza de España, 20.00h. |
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