Editorial

MAYO 2008

 

 

La esencia de Asturias

 

¿De quién es Asturias? De quien la pisa y la trabaja, pero también de quien la siente más allá de sus fronteras. De quien la cuida día a día, año tras año, generación tras generación. También de quien la añora en la lejanía. De quien aprecia sus colores no en los banderines políticos, sino en sus prados verdes, en el azul cambiante de su mar, en sus ciudades multicolores. También del que cuestiona sus interrogantes, del que evidencia sus claroscuros; del que, sin traicionar su pasado, busca soluciones a incertidumbres futuras.
¿Qué es ser asturiano? ¿Son los que están o los que tuvieron que irse? ¿Son los que la viven o los que la sueñan? ¿Los que toman decisiones o las que las acatan? Ahora Asturias retoma su camino hacia un nuevo Estatuto de Autonomía, del que se dice que permitirá una mejor financiación y más competencias, lo cual plantea no pocas preguntas. Con este nuevo Estatuto, se seguirá caminando por la senda del autogobierno, esperemos que sin mezclar contenidos con los de otras comunidades. Pero en cualquier caso, Asturias no necesita pelear por su identidad, porque ya la tiene. No hacen falta grandes rupturas ni revoluciones, sino continuar con lo iniciado. Sólo hay que reconocer lo evidente. Hay que conservar las tradiciones amenazadas por la transformación de un medio, al que también hay que preservar en la medida de lo posible.
Hay una cosa clara en todo este proceso: Asturias debe unificarse. Mantener la diversidad, pero sumando fuerzas para ser más atractivos. Es el secreto del turismo, uno de los puntos fuertes del Principado, que cada vez más demuestra que esta tierra no tiene dueños, sólo rendidos admiradores. Asturias vende, y el turista compra. Y compra un conjunto de factores, no sólo una ciudad, una playa, una montaña. Por qué conformarse con el interior si la costa está a pocos kilómetros. Por qué conformarse con la costa si el interior está a tiro de piedra. Por qué no ofrecer diez en vez de uno, cuando en esta tierra hay de sobra.
No es descubrir la pólvora: todo esto ya se está haciendo. Lo saben los gestores de las comarcas asturianas, que ya están explotando una forma diferente de hacer turismo. La Comarca de la Sidra, por ejemplo, ofrece conocer el Museo dedicado a esta bebida, hacer rutas por el interior de Asturias y visitar las playas de Colunga y Villaviciosa, todo en un radio de muy pocos kilómetros. Y lo mismo las demás, que complementan sus atractivos naturales con otras aventuras culturales o festivas.
También lo saben los creadores de campañas como “Ciudades de Asturias”, que promociona juntas a las tres urbes más importantes. Así, quien decida visitar Gijón y su múltiple oferta cultural, quizá más tarde decida comer en Oviedo o llevarse una grata sorpresa con la belleza del casco histórico avilesino.
Se acabó el tiempo de los localismos exacerbados, de protagonismos en solitario. La unión no sólo hace la fuerza, sino que es la fuerza misma. Afortunadamente, los que vienen a esta tierra no llegarán a apreciar los enredos territoriales, las inquinas del sector de turno, las entretelas de una crisis que ya se remonta, pero que aún pega coletazos. Mejor así. Libre de condicionantes es posible apreciar el alma de una tierra que se nutre de muchos factores: todos imprescindibles, y también todos cuestionables. La esencia, en cualquier caso, permanece sin tocar. Con Estatuto o sin él. §

 

 

 
   

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