Aunque la merluza sigue siendo la especie que más peso tiene en la economía pesquera asturiana, la realidad es que su aportación se ha reducido considerablemente en los últimos años.

 

 Reportaje

MAYO 2008

 

 

Pescadores asturianos: fritos con la merluza

Trabajo duro. Muchas horas a merced de la climatología para al final no obtener apenas recompensa económica. Así se sienten los pescadores asturianos, que por si fuera poco ahora sufren con su principal pesquería, la de la merluza, una profunda crisis. Texto: Isabel G. Muñiz.


Foto: Juanjo Arrojo

Sí, hay que decir que la merluza europea, el Merluccius merluccius atraviesa malos momentos. Y no por su escasez, precisamente. A pesar de que su calidad es muy superior a la de las merluzas importadas, su cotización se ha reducido drásticamente en las rulas españolas. El precio en la lonja es bajísimo -en ocasiones no supera los dos euros el kilo-, y los pescadores se quejan de la falta de regulación, que los deja desprotegidos frente a las importaciones.
Por otra parte, esa caída de los precios no llega nunca a alcanzar al destinatario final, el consumidor, que paga en la pescadería entre seis y ocho euros por kilo de merluza. Semejante aumento, del 400% en ocasiones, provoca el enfado de los pescadores, que consideran desproporcionados los beneficios que obtienen los intermediarios.

 

 

 

 

 

 

 

La caída de los precios nunca llega a alcanzar al destinatario final, el consumidor, que paga en la pescadería entre 6 y 8 euros por el kilo de merluza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aunque no todos se atreven a afirmarlo, algunos restauradores acaban acudiendo al producto de importación porque les da una estabilidad en el servicio.

“Los pescadores no miramos esos precios porque nos ponemos de mal humor” -asegura Juan Dimas García Acebal, presidente de la Federación Asturiana de Cofradías-. “Desde hace mucho tiempo no se encuentra una manera de vender que no sea a la baja. Los intermediarios tendrán sus gastos, pero la diferencia es muy desproporcionada, y siempre lo cargan sobre el primer productor, que en este caso somos los pescadores”. Y añade una reflexión: “El consumidor dice de que el pescado está por las nubes y tienen razón, pero antes de que lleguen dos mil kilos de merluza de Luarca a Mercamadrid  por ejemplo ¿por cuántos intermediarios pasa?”. En lo que lleva en el cargo, este pescador de Tazones ha conseguido unificar las posiciones de la gran mayoría de las cofradías asturianas. Este año, además, ostenta la vicepresidencia de la Federación Nacional, desde donde tiene una visión más amplia de todo lo que se mueve en torno a la crisis de la merluza del Cantábrico.
Y así, mientras el sector asturiano se lleva las manos a la cabeza por los bajos precios, el público apenas aprecia las diferencias y el mercado sigue gravando al producto cantábrico. Las acusaciones se entrecruzan. ¿Quién tiene la culpa? Para los armadores está claro: señalan con el dedo las importaciones, y argumentan que el pescado que llega de fuera es excesivo; por otra parte, los comercializadores insisten en que son los mismos pescadores los que están saturando el mercado con excesivas capturas.

 Merluza, la de aquí

Manuel Joaquín Gayol, Patrón mayor de la Cofradía Nuestra Señora del Rosario (Luarca) habla apasionadamente de este tema, que trae de cabeza a muchos pescadores. Asegura que la culpa es de la merluza de importación, que llega a Asturias y hace una competencia desleal sin que el consumidor se entere. “Viene merluza de Chile, de Uruguay, viene merluza de ‘Casa Jesucristo’. Mientras los pescadores unidos no consigamos un certificado de calidad como es debido, no hay nada que hacer”. Uno de los objetivos es hacer que la administración se implique y se establezcan parámetros de calidad, porque lo cierto es que actualmente en las pescaderías se venden diferentes tipos de merluza sin que el consumidor pueda identificar qué está comprando, elegir calidades y contrastar precios. Esta es una de las reclamaciones que los armadores han solicitado al Ministerio de Agricultura y Pesca para defender el producto nacional. El control de las importaciones y la fijación de un tope para las mismas es otra de las exigencias que hacen al Ministerio. Con ello pretenden evitar auténticos descalabros en la cotización de esta especie, que se ve desbordada ante la entrada de grandes importaciones llegadas de Chile, Perú, Namibia...


Foto: Juanjo Arrojo

Por otra parte, sin salir de nuestras aguas, hay que sumar la falta de una regulación adecuada que controle las cantidades de merluza cantábrica que se ponen en circulación. Hace un tiempo se llevó a cabo un plan de recuperación de esta especie que ha funcionado como se esperaba, de modo que ha aumentado el número de capturas, sin embargo los desembarcos masivos no contribuyen a mejorar el precio final. “Las importaciones repercuten en el precio, pero los que más repercutimos somos nosotros, que no nos mentalizamos de que tenemos que sacar cierta cantidad de pescado, y no pescar más allá”, asegura Juan Dimas. Lo ideal, explica, sería fijar unos cupos diarios de merluza, algo que ya están consiguiendo con la xarda y la sardina, de forma que se evitase la caída de los precios.
Aunque no todos se atreven a afirmarlo, algunos restauradores acaban acudiendo al producto de importación porque les da una estabilidad en el servicio. De esta forma se evitan problemas específicos, como el temido parásito Anisakis, (gusano que infecta el aparato digestivo de ciertos peces) que afecta principalmente a nuestros fondos marinos. En la decisión también influye el hecho de que que se pueda acceder con un coste más asequible a merluzas de mayor gramaje, algo que cada vez es más difícil en la cantábrica. La mala prensa que acarrean todas estas cuestiones  y el hecho de que sea un pescado con un corto periodo de conservación, pone en peligro la continuidad de la merluza como producto imprescindible en las cartas hosteleras. (...)

 Pescado vendido

Todos los problemas afectan poco o nada a los intermediarios, que siguen obteniendo beneficios. Pedro González, Patrón Mayor de la Cofradía de Tapia de Casariego, pone el ejemplo: una caja de veinte kilos de chicharros puede costar en la rula tres euros, mientras que en la pescadería el kilo de chicharro puede superar los tres euros. Así, con vender un sólo kilo el comprador ya amortiza la caja. Los diecinueve kilos restantes son todo ganancia para los intermediarios.
Por eso, no es la primera vez que con los precios por los suelos, los pescadores asturianos llevan su mercancía a lonjas de comunidades vecinas. Burela (Lugo), por ejemplo, pagaba el kilo de merluza a dos euros más que en Asturias. Suficiente para compensar el trayecto a los armadores asturianos.

 


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