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La caída de los
precios nunca llega a alcanzar al destinatario final, el consumidor,
que paga en la pescadería entre 6 y 8 euros por el kilo de merluza.
Aunque no todos se
atreven a afirmarlo, algunos restauradores acaban acudiendo al
producto de importación porque les da una estabilidad en el
servicio. |
“Los
pescadores no miramos esos precios porque nos ponemos de mal humor”
-asegura Juan Dimas García Acebal, presidente de la Federación
Asturiana de Cofradías-. “Desde hace mucho tiempo no se encuentra
una manera de vender que no sea a la baja. Los intermediarios
tendrán sus gastos, pero la diferencia es muy desproporcionada, y
siempre lo cargan sobre el primer productor, que en este caso somos
los pescadores”. Y añade una reflexión: “El consumidor dice de que
el pescado está por las nubes y tienen razón, pero antes de que
lleguen dos mil kilos de merluza de Luarca a Mercamadrid por
ejemplo ¿por cuántos intermediarios pasa?”. En lo que lleva en el
cargo, este pescador de Tazones ha conseguido unificar las
posiciones de la gran mayoría de las cofradías asturianas. Este año,
además, ostenta la vicepresidencia de la Federación Nacional, desde
donde tiene una visión más amplia de todo lo que se mueve en torno a
la crisis de la merluza del Cantábrico.
Y así, mientras el sector asturiano se lleva las manos a la cabeza
por los bajos precios, el público apenas aprecia las diferencias y
el mercado sigue gravando al producto cantábrico. Las acusaciones se
entrecruzan. ¿Quién tiene la culpa? Para los armadores está claro:
señalan con el dedo las importaciones, y argumentan que el pescado
que llega de fuera es excesivo; por otra parte, los
comercializadores insisten en que son los mismos pescadores los que
están saturando el mercado con excesivas capturas.
Merluza,
la de aquí
Manuel Joaquín Gayol, Patrón mayor de la Cofradía Nuestra Señora del
Rosario (Luarca) habla apasionadamente de este tema, que trae de
cabeza a muchos pescadores. Asegura que la culpa es de la merluza de
importación, que llega a Asturias y hace una competencia desleal sin
que el consumidor se entere. “Viene merluza de Chile, de Uruguay,
viene merluza de ‘Casa Jesucristo’. Mientras los pescadores unidos
no consigamos un certificado de calidad como es debido, no hay nada
que hacer”. Uno de los objetivos es hacer que la administración se
implique y se establezcan parámetros de calidad, porque lo cierto es
que actualmente en las pescaderías se venden diferentes tipos de
merluza sin que el consumidor pueda identificar qué está comprando,
elegir calidades y contrastar precios. Esta es una de las
reclamaciones que los armadores han solicitado al Ministerio de
Agricultura y Pesca para defender el producto nacional. El control
de las importaciones y la fijación de un tope para las mismas es
otra de las exigencias que hacen al Ministerio. Con ello pretenden
evitar auténticos descalabros en la cotización de esta especie, que
se ve desbordada ante la entrada de grandes importaciones llegadas
de Chile, Perú, Namibia...
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Foto: Juanjo Arrojo |
Por
otra parte, sin salir de nuestras aguas, hay que sumar la falta de
una regulación adecuada que controle las cantidades de merluza
cantábrica que se ponen en circulación. Hace un tiempo se llevó a
cabo un plan de recuperación de esta especie que ha funcionado como
se esperaba, de modo que ha aumentado el número de capturas, sin
embargo los desembarcos masivos no contribuyen a mejorar el precio
final. “Las importaciones repercuten en el precio, pero los que más
repercutimos somos nosotros, que no nos mentalizamos de que tenemos
que sacar cierta cantidad de pescado, y no pescar más allá”, asegura
Juan Dimas. Lo ideal, explica, sería fijar unos cupos diarios de
merluza, algo que ya están consiguiendo con la xarda y la sardina,
de forma que se evitase la caída de los precios.
Aunque no todos se atreven a afirmarlo, algunos restauradores acaban
acudiendo al producto de importación porque les da una estabilidad
en el servicio. De esta forma se evitan problemas específicos, como
el temido parásito Anisakis, (gusano que infecta el aparato
digestivo de ciertos peces) que afecta principalmente a nuestros
fondos marinos. En la decisión también influye el hecho de que que
se pueda acceder con un coste más asequible a merluzas de mayor
gramaje, algo que cada vez es más difícil en la cantábrica. La mala
prensa que acarrean todas estas cuestiones y el hecho de que sea un
pescado con un corto periodo de conservación, pone en peligro la
continuidad de la merluza como producto imprescindible en las cartas
hosteleras. (...)
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Pescado
vendido
Todos los problemas
afectan poco o nada a los intermediarios, que siguen
obteniendo beneficios. Pedro González, Patrón Mayor de
la Cofradía de Tapia de Casariego, pone el ejemplo: una
caja de veinte kilos de chicharros puede costar en la
rula tres euros, mientras que en la pescadería el kilo
de chicharro puede superar los tres euros. Así, con
vender un sólo kilo el comprador ya amortiza la caja.
Los diecinueve kilos restantes son todo ganancia para
los intermediarios.
Por eso, no es la primera vez que con los precios por
los suelos, los pescadores asturianos llevan su
mercancía a lonjas de comunidades vecinas. Burela
(Lugo), por ejemplo, pagaba el kilo de merluza a dos
euros más que en Asturias. Suficiente para compensar el
trayecto a los armadores asturianos. |
Reportaje completo en la
edición de papel
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