Reportajes

NOVIEMBRE 2008

 

 

 

Los habitantes de esta comarca llevan siglos guardando este templo natural y convirtiéndolo en su modo de vida.

 

Comarca Oscos-Eo

En lo profundo de la naturaleza


Foto: © Camilo Alonso

Donde resuena el aullido del lobo y late el corazón del bosque. Allí donde se escucha la respiración del mar y el murmullo del río. En ese lugar se encuentra la comarca Oscos-Eo, un caleidoscopio de colores, texturas y sabores que ha sido nombrado recientemente Reserva de la Biosfera.

Déjate llevar por ese sexto sentido que sabe reconocer dónde permanece lo auténtico, porque siguiéndolo seguro que tus pies te llevarán hasta Oscos-Eo. Entre mar, ríos y montañas se esconde de las miradas este espacio de transición entre Asturias y Galicia, ubicado en el Occidente del Principado. Para comenzar el viaje, déjate seducir por una naturaleza que no ha sido mancillada por la mano del hombre, y que permanece virgen en playas de arena blanca, bosques autóctonos de los que se extraen maderas nobles, o ríos donde se capturan los salmones más grandes de la región. Seguirás la estela de los siete concejos que forman la comarca: Castropol, San Martín de Oscos, San Tirso de Abres, Santa Eulalia de Oscos, Taramundi, Vegadeo y Villanueva de Oscos. A través de ellos se llega a pueblos y aldeas donde se conservan tradiciones y etnografía: casas, pajares, hórreos, cabazos, molinos o cabanones levantados con materia prima de la zona, como piedra, cuelmo o irregulares lascas de pizarra tratadas con esmero. Bellísimas y resistentes construcciones que se funden en el paisaje, y que han llegado hasta hoy no sólo por motivos estéticos sino por la utilidad que prestan. Son sus habitantes parte indisoluble de esta comarca, que viven en simbiosis perfecta con la naturaleza. Ellos son los verdaderos artífices de que hoy conozcamos Oscos-Eo sin adulteraciones, porque llevan siglos guardando este templo natural y convirtiéndolo en su modo de vida. Suyo es también el éxito de acercar la artesanía, la gastronomía y el paisaje a los visitantes sin comprometer su propia identidad en ello. Así pues, existen variados restaurantes y alojamientos que tienen en común la hospitalidad de sus gentes. Como conocer toda la comarca requiere tiempo, se han acondicionado rutas diferentes para lograr un primer acercamiento a lo más emblemático de la zona.

Paseos diseñados


Foto: Valvanera

La naturaleza de Oscos-Eo permanece virgen en playas de arena blanca, bosques autóctonos o ríos salmoneros.

Hasta treinta rutas de senderismo señalizadas atraviesan este amplio territorio. Estas son algunas sugerencias que nos darán idea de la diversidad de paisajes y atractivos que vamos a encontrar. Podemos comenzar por el Paseo Costero Castropol-Figueras, que permite admirar la belleza de la ría del Eo. En la Ruta de Mon el protagonista es el Palacio de Mon, un buen ejemplo de arquitectura señorial que se esconde entre los montes.
En el concejo de San Tirso de Abres, la Ruta del Ferrocarril recorre la antigua vía del tren minero que realizaba la línea Villaodrid-Ribadeo, y nos muestra interesantes construcciones de la arquitectura industrial del siglo XX.
En Vegadeo, la Ruta del Estraperlo rememora las sendas que empleaban quienes querían pasar productos desde Galicia hasta Asturias evitando los caminos principales, más vigilados.
La Ruta de A Seimeira nos descubre el pasado herrero de la zona, de modo que podremos observar restos de un antiguo mazo y también una cascada de treinta metros de caída. La fuerza del agua movía y mueve también molinos dedicados a convertir en harinas el maíz, trigo, avena y centeno, como puede apreciarse en la Ruta de los Molinos que discurre por el concejo de Taramundi. En cuanto al paisaje, la Ruta del Carbayal de Salgueiras se adentra en uno de los mejores bosques de roble de Asturias.

Hacia adentro

La comarca Oscos-Eo tiene una peculiaridad única: puesto que abarca desde la costa hasta el interior de Asturias, entrelaza multitud de costumbres y paisajes que forman un tapiz heterogéneo y muy variado. Uno de sus componentes es Castropol, que se asoma a la ría del Eo y cuya forma de vida transcurre en unión al mar. Las playas de Arnao y Penarronda son un poderoso reclamo turístico gracias a su arena dorada y sus limpias aguas, que les han valido la bandera azul a las dos. La ría es sede de diversos deportes acuáticos como la vela y el piragüismo, y también hogar de muchas aves acuáticas migratorias. En sus orillas todavía se construyen barcos y también sus aguas son fuente de alimento. Sin ir más lejos, las ostras son medio de vida y símbolo de su gastronomía, mientras que el espíritu pesquero se concentra en el pueblo de Figueras. Por su parte la villa de Castropol vigila desde las alturas la ría y permite un paseo relajado por sus calles empedradas que nos devuelven a tiempos pasados a través de su casco histórico, declarado Bien de Interés Cultural. A media hora de camino, la Sierra de la Bobia pone el contrapunto montañero al mar. Precisamente toca viajar al interior, y nuestra siguiente parada es en Vegadeo, que también se asoma a la ría y reúne los servicios de la comarca. Sus calles, sus jardines y sus construcciones conservan el sabor de principios del siglo XX. Su visita se completa con la Senda de los doce puentes, que une las orillas de los dos ríos de Vegadeo y permite admirar esculturas de doce artistas asturianos, en un paseo único por el arte contemporáneo. Pero no nos engañemos porque esta pequeña urbe se esconde entre naturaleza y le rinde homenaje. Por un lado se apoya en la etnografía que presenta el Mazo de Meredo, que nos acerca a la tradición del hierro. Tras la visita podemos quedarnos a comer o merendar en el área recreativa cercana, y después visitar Piantón, pueblo encantador que fue la antigua capital del concejo. Nos encaminamos ahora hacia San Tirso de Abres. El concejo acoge amorosamente al río Eo, que a cambio le surte de truchas, reos y grandes piezas de salmones que acaparan la atención de los pescadores. La capital de San Tirso es El Llano, donde se recomienda visitar la capilla de San Juan, la iglesia parroquial de San Salvador, las casonas de Amaido y el palacio de El Pacio. Otro de los grandes atractivos de la localidad es el Centro de Interpretación de la Pesca en el Eo, que nos ayuda a comprender la gran importancia de este río para la economía y el ocio de la zona. Pequeños afluentes del Eo también riegan como pequeñas arterias acuáticas el concejo, dando lugar a verdes pastizales que son un regalo para la vista, como podremos comprobar visitando los pueblos de La Antigua, Prado, Solmayor y San Andrés.
En nuestro viaje a las profundidades de la naturaleza, dirigimos ahora nuestros pasos hacia Taramundi, que en la memoria asociamos a la fabricación de navajas y cuchillos. En efecto, en el concejo hay más de doce talleres que actualizan el arte de los antiguos artesanos y lo han convertido en atractivo turístico y modo de vida. Si nos acercamos a la Casa-Museo de la Cuchillería Tradicional (Pardiñas) podremos observar un taller artesano y una colección de cuchillos y navajas, lo que nos permitirá apreciar en primera persona la calidad de estas piezas. En el concejo hay mucho que visitar: el Museo de los Molinos de Mazanovo, la Casa del Agua de Bres, el Museo del Telar, el Conjunto Etnográfico de Os Teixois -declarado Bien de Interés Cultural- o el Caserío de Esquíos, que muestra herramientas, piezas de cocina y enseres de uso cotidiano que se empleaban en el pasado. El paseo sirve además de excusa para conocer diversos pueblos y su entorno de bosque tupido, como As Veigas o Santa Marina. Además, en la propia villa de Taramundi se encuentra Os Castros, el único castro de la comarca en proceso de excavación.
Paralelo discurre el de Villanueva de Oscos, que a su vez limita con Vegadeo a través de la Sierra de la Bobia. En este enclave agreste todavía pueden verse caballos corriendo en libertad y disfrutar de las mayores alturas de toda la comarca. En uno de sus extremos, el Puerto de la Garganta sirve de mirador marino. Como en el resto de concejos nombrados, también en Villanueva se reparten los encantos en sus diversos pueblos. En Santa Eufemia el Ecomuseo del Pan muestra el ciclo completo de su preparación, desde que se planta hasta la cocción final. En Martul la Casa de Guzmán alberga el Centro de Interpretación de la Arquitectura Tradicional Asturiana, que debe visitarse antes de emprender camino a Morlongo y Pasarón, con sus hórreos de cubierta vegetal, y a San Cristóbal. Esa vez el punto final lo ponemos en Villanueva de Oscos, localidad que ha crecido alrededor del Monasterio de Santa María, que muestra al público interesado la iglesia y el claustro.
Cada vez viajamos más adentro y con ello los bosques caducifolios se vuelven más densos, y los dorados y pardos de sus hojas adquieren más tonalidades. Descubrir la flora y fauna que encontraremos en Oscos-Eo se convierte en una tarea más sencilla si antes visitamos en Santa Eulalia de Oscos el Aula de la Naturaleza. A través de vistosos paneles, el centro nos descubre los secretos de cada especie animal y vegetal, animándonos a disfrutar del placer de un paseo que hace crujir las hojas secas bajo nuestros pies, y a acechar entre los troncos la presencia de aves y mamíferos. Buenos lugares que reúnen paisaje y arquitectura tradicional son Ferreira, Pumares, Talladas, As Barreiras y Busqueimado. En el Mazo de Mazonovo, ahora restaurado, se puede ver una demostración de cómo trabajaban los herreros antes de la llegada de las máquinas. De vuelta a Santa Eulalia de Oscos, podemos acercarnos al Museo Casa Natal del Marqués de Sargadelos que en el siglo XVIII impulsó la moderna siderurgia y la cerámica de calidad, cuyo renombre se ha mantenido hasta el día de hoy. En la villa se combinan equilibradamente las grandes casas de principios del siglo XX con arquitectura popular y diversos atractivos, como el funcionamiento de un telar artesanal. Una buena visita antes de poner punto final en San Martín de Oscos a un viaje apasionante, que nos lleva esta vez a la plaza de la villa en la que conviven la iglesia porticada, el hórreo de Curón con su cubierta vegetal y el Palacio de los Guzmán, con destacada portada barroca. Un eclecticismo difícil de repetir, porque el resto de los pueblos nos muestran más bien ejemplos de arquitectura tradicional. El mejor de ellos es la Casa del Marco: museo de la casa campesina, que se encuentra en Villarquille y que recrea la forma de vida de la comarca hasta mediados del siglo XX a través de esta casa tradicional. En busca de tipismo y paisaje nos encaminamos ahora a Soutelo y Piorno, para llegar luego hasta Mon que tiene un palacio con la mejor arquitectura nobiliaria de todo Oscos-Eo. Y si vamos retrocediendo en el tiempo, iremos hasta las minas de Arruñada, Excomulgada, Pena Teixeira y Carmina, que se comenzaron a explotar en la época romana y se abandonaron en el siglo XX. Y luego visitaremos el Castro de San Isidro, que cuenta con la peculiaridad de tener un sistema defensivo compuesto por piedras hincadas que es el único existente en toda Asturias. Un completo viaje que va desde el pasado rico en tradiciones, a un presente que vive del turismo en alza. Un lugar tentador para visitar en cualquier época del año, porque cambia de traje con cada estación. §

 

 

 
   

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