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Cueva Huerta
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Foto: Juanjo Arrojo |
Junto a
Fresnedo, en Teverga, encontramos Cueva Huerta, la segunda cueva más
grande de Asturias. Declarada Monumento Natural, permite las visitas
en una parte de su recorrido.
Cueva
Huerta fue estudiada ya en el siglo pasado, y durante los años
sesenta y setenta era muy visitada, lo que explica que su estado de
conservación no sea óptimo. Por eso, hace años que se cerró con una
verja que permite el paso de los murciélagos de cueva, especie
protegida por el Catálogo Regional de Especies Amenazadas de la
Fauna Vertebrada de Asturias, y protege el ecosistema.
Las visitas, pues, están controladas, de modo que hay que pedir
permiso para acceder al interior. Una pasarela de madera,
perfectamente integrada con el entorno, permite un paseo guiado por
los primeros trescientos metros de la cueva, de mano de una empresa
de turismo activo, que también puede organizar un recorrido de
espeleoturismo por el cauce del río, bajo petición.
El recorrido total de la cueva, de origen kárstico, son 14,5 Km.
repartidos en tres niveles. El nivel inferior es impracticable,
nacido de diferentes filtraciones en la Foz de La Estrechura. El
intermedio se inicia en el sumidero principal y tiene un recorrido
de cerca de trescientos metros, con una amplia salida al exterior
por encima de la resurgencia permanente. Por último, el nivel
superior es el de mayores dimensiones, con su organización en
amplias galerías, con varias ramificaciones y grandes salas.
Los espeleólogos que visitan la cueva conocen bien lugares como la
Sala de Gours, pequeños agujeros hechos en el suelo por gotas de
agua; las Catedrales, formaciones de piedra que recuerdan al estilo
gótico; la Santina, con una forma parecida a un altar natural, o el
Sillón de la Reina. Cada rincón tiene su nombre, e incluso algunos
su leyenda, como el lago del Baño de la Princesa, donde cuentan que
se bañaba una xana. §

Parque de la
Prehistoria
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Foto: Juanjo Arrojo |
El Parque
de la Prehistoria alberga la colección más relevante del arte
rupestre de Europa entre 10.000 y 40.000 años de antigüedad. Una
visita de algo más de dos horas nos dará una amplia visión del
Paleolítico, especialmente de sus manifestaciones artísticas.
Además, ofrece la posibilidad de ver reproducciones de cuevas
cerradas al público.
Un paseo
por el arte rupestre
Las
instalaciones del Parque tienen un encanto propio que traslada al
visitante a una época primitiva, complementando además la
información a través de réplicas, audiovisuales, fragmentos de arte
mobiliar, pigmentos... Hay que tener en cuenta que en Asturias se
han encontrado más de cuarenta muestras de arte prehistórico, de
todos los estilos conocidos. El magdaleniense de la Cueva de Tito
Bustillo es el máximo exponente, pero también hay otros ejemplos
importantes.
Precisamente, el reciente reconocimiento de cinco cuevas asturianas
como Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO ha avivado el
interés por conocer el arte rupestre de la zona, que es mucho y de
una calidad resaltable. Cuatro de esas cuevas recientemente
galardonadas cuentan con una réplica en el Parque de la Prehistoria.
Esto es especialmente interesante si tenemos en cuenta que dos de
ellas, Covaciella y Llonín, están cerradas al público. Otras
reproducciones visitables son las cuevas de Cabrales y Peñamellera
Baja, Tito Bustillo, La Peña (Candamo), o el techo de los bisontes
de Altamira.
El Parque se divide en tres galerías, soterradas bajo tierra como
modernas cuevas. El primero acoge el Centro de Recepción de
Visitantes y la cafetería. Tras salir al exterior y cruzar el río
Páramo, nos adentramos de nuevo en la tierra de “La Galería”, una
cueva futurista de mil metros cuadrados que hace las veces de centro
de interpretación. A través de diversos materiales didácticos como
audiovisuales, documentos y reproducciones de pinturas y grabados
del Paleolítico Superior, se nos dan las claves del arte
prehistórico. Uno de los objetivos es entender las motivaciones de
aquellos artistas, de modo que se han reproducido pinturas que
ilustren las diferentes teorías al respecto, desde la puramente
artística hasta la religiosa, los ritos de fecundidad y caza o el
estructuralismo.
Por último, tendremos acceso a la “Cueva de Cuevas”, donde se nos
muestran las réplicas de tres importantes galerías rupestres. Se
trata de copias exactas, que sorprenden por su realismo: la piedra
caliza tiene exactamente las mismas grietas y reflejos, y se ha
reproducido la estructura, humedad, oscuridad y silencio que
podríamos encontrar en las originales. Durante la visita a las tres
cuevas se camina por un suelo irregular y con desniveles, y los
guías usan linternas para sus explicaciones. De este modo podremos
conocer los secretos de la Galería de los Caballos de Tito Bustillo,
el Salón Negro de la Cueva de Niaux y el Camarín de la Cueva de
Candamo.
Para complementar la oferta del museo, los fines de semana se puede
asistir a talleres didácticos, pensados para disfrutar en familia.
Con “A la caza del bisonte” viajamos atrás en el tiempo para conocer
los métodos de caza del hombre prehistórico, desde la búsqueda de
materia prima hasta las técnicas de caza. Con “El fuego
prehistórico”, en cambio, aprenderemos las distintas técnicas para
conseguir fuego y elaborar los alimentos. Así, tanto con un paseo
por las instalaciones del Parque como con las actividades
complementarias, conoceremos mejor cómo vivían nuestros ancestros y
entenderemos quizá sus motivaciones. § |