Reportajes

NOVIEMBRE 2008

 

 

 

 

 

 

Cueva Huerta


Foto: Juanjo Arrojo

Junto a Fresnedo, en Teverga, encontramos Cueva Huerta, la segunda cueva más grande de Asturias. Declarada Monumento Natural, permite las visitas en una parte de su recorrido.

Cueva Huerta fue estudiada ya en el siglo pasado, y durante los años sesenta y setenta era muy visitada, lo que explica que su estado de conservación no sea óptimo. Por eso, hace años que se cerró con una verja que permite el paso de los murciélagos de cueva, especie protegida por el Catálogo Regional de Especies Amenazadas de la Fauna Vertebrada de Asturias, y protege el ecosistema.
Las visitas, pues, están controladas, de modo que hay que pedir permiso para acceder al interior. Una pasarela de madera, perfectamente integrada con el entorno, permite un paseo guiado por los primeros trescientos metros de la cueva, de mano de una empresa de turismo activo, que también puede organizar un recorrido de espeleoturismo por el cauce del río, bajo petición.
El recorrido total de la cueva, de origen kárstico, son 14,5 Km. repartidos en tres niveles. El nivel inferior es impracticable, nacido de diferentes filtraciones en la Foz de La Estrechura. El intermedio se inicia en el sumidero principal y tiene un recorrido de cerca de trescientos metros, con una amplia salida al exterior por encima de la resurgencia permanente. Por último, el nivel superior es el de mayores dimensiones, con su organización en amplias galerías, con varias ramificaciones y grandes salas.
Los espeleólogos que visitan la cueva conocen bien lugares como la Sala de Gours, pequeños agujeros hechos en el suelo por gotas de agua; las Catedrales, formaciones de piedra que recuerdan al estilo gótico; la Santina, con una forma parecida a un altar natural, o el Sillón de la Reina. Cada rincón tiene su nombre, e incluso algunos su leyenda, como el lago del Baño de la Princesa, donde cuentan que se bañaba una xana. §

 

 

Parque de la Prehistoria


Foto: Juanjo Arrojo

El Parque de la Prehistoria alberga la colección más relevante del arte rupestre de Europa entre 10.000 y 40.000 años de antigüedad. Una visita de algo más de dos horas nos dará una amplia visión del Paleolítico, especialmente de sus manifestaciones artísticas. Además, ofrece la posibilidad de ver reproducciones de cuevas cerradas al público.

Un paseo por el arte rupestre

Las instalaciones del Parque tienen un encanto propio que traslada al visitante a una época primitiva, complementando además la información a través de réplicas, audiovisuales, fragmentos de arte mobiliar, pigmentos... Hay que tener en cuenta que en Asturias se han encontrado más de cuarenta muestras de arte prehistórico, de todos los estilos conocidos. El magdaleniense de la Cueva de Tito Bustillo es el máximo exponente, pero también hay otros ejemplos importantes.
Precisamente, el reciente reconocimiento de cinco cuevas asturianas como Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO ha avivado el interés por conocer el arte rupestre de la zona, que es mucho y de una calidad resaltable. Cuatro de esas cuevas recientemente galardonadas cuentan con una réplica en el Parque de la Prehistoria. Esto es especialmente interesante si tenemos en cuenta que dos de ellas, Covaciella y Llonín, están cerradas al público. Otras reproducciones visitables son las cuevas de Cabrales y Peñamellera Baja, Tito Bustillo, La Peña (Candamo), o el techo de los bisontes de Altamira.
El Parque se divide en tres galerías, soterradas bajo tierra como modernas cuevas. El primero acoge el Centro de Recepción de Visitantes y la cafetería. Tras salir al exterior y cruzar el río Páramo, nos adentramos de nuevo en la tierra de “La Galería”, una cueva futurista de mil metros cuadrados que hace las veces de centro de interpretación. A través de diversos materiales didácticos como audiovisuales, documentos y reproducciones de pinturas y grabados del Paleolítico Superior, se nos dan las claves del arte prehistórico. Uno de los objetivos es entender las motivaciones de aquellos artistas, de modo que se han reproducido pinturas que ilustren las diferentes teorías al respecto, desde la puramente artística hasta la religiosa, los ritos de fecundidad y caza o el estructuralismo.
Por último, tendremos acceso a la “Cueva de Cuevas”, donde se nos muestran las réplicas de tres importantes galerías rupestres. Se trata de copias exactas, que sorprenden por su realismo: la piedra caliza tiene exactamente las mismas grietas y reflejos, y se ha reproducido la estructura, humedad, oscuridad y silencio que podríamos encontrar en las originales. Durante la visita a las tres cuevas se camina por un suelo irregular y con desniveles, y los guías usan linternas para sus explicaciones. De este modo podremos conocer los secretos de la Galería de los Caballos de Tito Bustillo, el Salón Negro de la Cueva de Niaux y el Camarín de la Cueva de Candamo.
Para complementar la oferta del museo, los fines de semana se puede asistir a talleres didácticos, pensados para disfrutar en familia. Con “A la caza del bisonte” viajamos atrás en el tiempo para conocer los métodos de caza del hombre prehistórico, desde la búsqueda de materia prima hasta las técnicas de caza. Con “El fuego prehistórico”, en cambio, aprenderemos las distintas técnicas para conseguir fuego y elaborar los alimentos. Así, tanto con un paseo por las instalaciones del Parque como con las actividades complementarias, conoceremos mejor cómo vivían nuestros ancestros y entenderemos quizá sus motivaciones. §

 

 

 
   

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