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“No
se puede adulterar los finales de los cuentos. En el original de
Perrault de Caperucita Roja, a Caperucita se la comió el lobo.
Punto. Antes había una moraleja, y hoy lo único que hay es un
formato de entretenimiento”
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-¿Por qué ese interés especial en la
protección de niños y jóvenes?
-Hacemos
hincapié en el sector de la población más vulnerable, aquel que
necesita que esas medidas se respeten. Entendemos que los niños
están en un periodo en el que necesitan estabilidad, una idea de
formación convergente con la escuela. Y los medios de comunicación
no pueden perder de vista que tienen una gran parte de formadores...
o deformadores.
-En Internet, por ejemplo, hay métodos de
control parental, pero muchos padres no conocen la tecnología para
usarlos. ¿Es parte de la formación necesaria?
-Los
propios padres reconocen que necesitan este tipo de cosas. Pero creo
que también son un poco cómodos, no siempre hacen ese esfuerzo por
la educación de sus hijos, es más fácil delegar en la escuela. Puede
ser comprensible, vienen cansados de una jornada laboral casi
infinita, pero no se puede negar que tienen una parte importante de
responsabilidad.
-¿Realmente los padres tienen herramientas
para controlar lo que ven sus hijos?
-Lo que
hemos tenido ocasión de ver en estos meses de charlas en los
colegios es que los padres muchas veces son chantajeados
emocionalmente: “todos lo ven, yo soy el raro...” Si los padres no
son hábiles, se doblegan. Ahí habría que tener un poco de firmeza. A
veces hay que adoptar posturas desde la responsabilidad y la
autoridad paterna, porque la televisión es una plataforma para el
aprendizaje social. Por ejemplo, una vez pregunté a mis alumnos, que
van a ser maestros: ¿Quiénes son los personajes más guays de
Física o
Química?
“Los que se meten de todo”, me contestaron. ¿Esos son los modelos a
imitar?, porque eso es lo que aparece como puesto en valor. Los
medios de comunicación actúan como referente de conducta.
Pero cuando a mí me dicen que la juventud está perdida, esos
discursos apocalípticos... pues no, habrá un sector de la población
que efectivamente sea violento, consuma drogas, pertenezca a tribus
urbanas que van montando gresca... pero hay otro sector que está
silenciado. Si te fías de lo que ves terminas pensando ¿pero dónde
vivo? ¿En Harlem, en el Bronx? Yo tengo alumnos que están trabajando
en ONG, otros que están en grupos musicales, gente muy dinámica y
muy activa. ¿Dónde aparece reflejada esa sociedad juvenil? ¿Es que
no existe? Por supuesto que sí existe, otra cosa es el prototipo
social que se propone.
(...)
Entrevista completa en la edición de
papel. |